Y como nunca pasa nada, nunca pasa nada

El mensaje que le estamos transmitiendo es claro, da igual lo que hagan, por muy grave, insultante y descarado que sea, nunca, nunca, va a pasar nada.

El problema no es que mientan hasta el punto de llegar a decir sin partirse de la risa que el tesorero de su partido durante tantos años tiene 22 millones en Suiza y que ellos no tiene nada que ver con ellos, ni con su partido, ni con la “democracia”, ni con nada. Ese hombre era colegota hasta que le pillaron, entonces pasamos de llamarle por su nombre de pila a dirigirnos a él como el señor aquel.

Ese, repito, no es el problema. Eso es una simple anécdota que confirma lo que muchos ya sabíamos desde años y los que otros tratan de decir todos los días, que nuestro sistema político está podrido, en un estado de putrefacción tal que si se mantiene es por puro azar basado en un engaño continuo. No se sostienen tantas mentiras ni aunque quisiéramos creérnosla.

Si una sola persona de este país pensaba que no se untaba a los políticos, es que lo han conseguido. Porque hay que ser bastante corto de miras para pensar que las empresas donan su dinero a los políticos por pura bondad. 22 millones es una minucia comparado con todos los miles de millones que se han ganado unos y otros en corruptelas. Una minucia comparado con el dinero que se le ha dado a los bancos. Una tontería comparado con lo se van a ganar unos y otros privatizando la sanidad.

Cualquiera de los escándalos de los últimos años hubiese sido más que suficiente para justificar la anulación del proceso democrático de pacotilla y empezar de nuevo, prohibir partidos, meter a gente a la cárcel, mandar al Rey y a toda su familia bien lejos, etc. Cualquiera de ellos y por separado hubiese bastando. Pero la cantidad de barbaridades es de un calibre tal que los que estamos tan abrumados que se contentan con que no haya más. No acabas de cabrearte por lo último que ya han salido tres cosas más de una gravedad incluso mayor que lo que antes creías que era ya lo máximo.

Es un acoso y derribo tan descarado que unos escándalos se tapan con otros y unas mentiras se tapan con las siguientes y nadie se acuerda de nada, los fanáticos siguen contentos, los que roban siguen robando, la señora justicia sigue llorando y la pobre democracia siendo vilipendiada todos los días.

Y como ellos ya lo han hecho todo y no ha pasado nada, siguen haciéndolo. ¿Qué se lo impide? Ni el pueblo se lo va a impedir, ni los pocos jueces y policías que quedan honrados se lo van a poder impedir. Nadie. Por eso tienen la certeza absoluta de que van a poder seguir haciendo lo que quieran. ¿Después del último, que más puede pasar? ¿Quién se lo va a impedir?

Los hechos de los últimos días marcan un punto y aparte en lo que un pueblo está dispuesto a aguantar. En lo que una oposición puede hacer el ridículo. En lo que un gobierno puede estar de fango hasta el cuello y salir alegremente a través de una pantalla sin una sola explicación o con un “No vamos a darle más vueltas” (tiene valor la cosa), no ya sin nadie devolviendo el dinero o directamente en la cárcel, sin ni siquiera una dimisión, un uis nos habéis pillado. Nada.

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