Un gobierno criminal

Todos tenemos claro que cuando alguien mata a alguien es un asesino. Se nos escapa un poco, que no solo asesina el que coge una pistola y le pega un tiro al vecino, al menos para mí, sino todo aquel que le quita la vida a alguien. Si bien la diferencia entre asesinato y homicidio, mil veces explicada en las películas de juzgados, es que entre uno y otro dista eso de habérselo pensado, y hacerlo con premeditación y alevosía. Y si hablamos de premeditación, y de la alevosía, se llevan la palma.

También es un concepto más abstracto el de robar. Para todo esta mal y castigamos al que entra a una tienda o a un banco y roba, y más si lleva pistola en mano. Da igual que robe dos o cien. Pero nos queda más lejos el que roba a todos, metiendo unos números en un ordenador, vendiéndole la contrata a su primo, quitando el dinero de aquí para ponerlo allá, con unas preferentes, o directamente quitando el dinero de la caja pública. Simplemente defraudar es robarnos a todos. Y su fraude es extremo.

No sé castiga públicamente, es más, se premia, pese a reincidencia y burla extrema, con votos cada cuatro años. Porque claro, si tu estuvieras allí también lo harías. Y todo el que tiene la oportunidad… ya se sabe.

Y no solo el esperpento de robar día también. Que no solo robar es quitar directamente. Robar es también no dar, o dar a quien no debes. Robar es quitar el dinero público (tuyo y mío, nuestro) para dárselo a unos estafadores llamados bancos. Es como ser el Robin Hood de los ricos, ir por el bosque robando a los pobres para dárselo a los ladrones. Es como doblemente feo. Como doblemente mal. Vamos, para llorar.

Legislar para el que roba estafa y delinque y ser cómplice no es de malos gobernantes. Es de ladrones. De h-i-j-o-s d-e p-u-t-a con todas las letras. De gente deleznable que no debería estar en otro lugar más que en la cárcel.

Y claro, como todo es empezar, empiezas robando y acabas matando. Sí. Y no solo por el pobre desgraciado que se tira por la ventana por el acoso de las deudas, aunque también. Cada muerte injusta debería caer sobre sus conciencias, y deberían ser señalados como culpables por todos, añadiéndole el desprecio que se merecen.

También por el hospital con menos recursos, o la carretera peor asfaltada. Si no hay un médico de guardia o la ambulancia llega tarde porque no había personal o faltaban vehículos, la culpa también es suya, por el aeropuerto sin aviones, por la puta ciudad-estafa de la cultura de turno, por el dinero que se quedó a medio camino. En vez de con esa sonrisa de idiotas y comiendo langosta deberían estar entre rejas. Y aunque no maten, al que le arruinan la vida con deudas de por vida, al que no puede ni trabajar, casi ni comer, con eso me vale.

De la misma manera que cuando veo al banquero de turno entre políticos y me los imagino con la bolsa del dolar en la mano, porque se les cayó la careta, a partir de ahora cada vez que vea a un político que legisló en contra del bien común, que conspiró, engañó, manipuló, o dijo que eso de la barra libre en sanidad es algo que no se puede permitir, lo veré como lo que es, alguien que tiene las manos manchadas. Y para mí es lo que son, criminales.

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