Paradoja temporal

España de la posguerra, un país pobre como pocos, en un pueblo alejado de la mano de dios. Mi abuelo, con suficientes estudios como para poder firmar con su nombre de malas maneras y poder comprar el pan.Ni siquiera lo mataron en la guerra, porque era tan pobre que no tenía ni afiliación política, lo metieron en la cárcel. Trabajador de las vías del tren, de esos que había en España, más lentos que el caballo del malo, cuando la gente no podía permitirse tener un coche e irse de vacaciones.

Una vida, al menos en los años durante y después de la guerra, de  miseria, hambre y pobreza. La friolera y nada despreciable cifra de nueve hijos. Criados todos, con sus más y sus menos (hola tíos), dejándolos en el mundo con lo puesto, con una mano  detrás y otra delante, y a los 14 años, o antes, todo dios a trabajar en lo que sea, que no se puede ordeñar más a la cabra. No hablemos de carrera.

Un piso en propiedad, de esos infumables, las casas baratas. En algo así como 70 metros cuadrados, tres habitaciones, metidos el matrimonio y toda la tropa. Para comer, patatas cocidas.

Mi abuela, con un nombre precioso, mujer sencilla, casera, y dedicada a sus hijos y a su marido, sin tiempo, ganas, ni posibilidad de trabajar en una España machista.

No voy a hacer el resumen de la historia, ni la analogía temporal, ni quiero sacar conclusiones, ni mucho menos, quiero insinuar que lo tuvieron más fácil. Sé que no es lo mismo, ni se puede comparar, que el nivel de vida es otro, sé que pasaron hambre, sé que…

España, siglo XXI, uno de los países más ricos del mundo. Cómprate una casa y ten nueve hijos, si tienes cojones, con el sueldo de un trabajador de mantenimiento. Pues eso.

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