Pajas

Los niños pequeños, cuando no quieren ver algo, hacen como que no existe. Les basta con cerrar los ojos para ser invisibles.

El problema de los reaccionarios es el mismo. Se piensan que si algo no lo ven, en realidad no está, desaparece, no existe.

Y la culpa no es ni más ni menos que de una represión arcaica e ilógica mezclada con un machismo y tradicionalismo idiota, sin sentido, y totalmente trasnochado.

Porque hay que ser triste para llamar a la educación sexual corrupción de menores. Porque hay quienes prefieren que sus hijos follen en las escaleras de un portal con tal de no verlos y creer que ellos no hacen “eso”. Porque todos en el barrio se drogan, menos mi hijo…

Porque aunque no quieran, masturbarse es natural, y menos mal, nadie se queda ciego, ni sordo. Tonto sí, ellos. Y aunque les duela, follar es sano, y sus hijos se hacen pajas, y por extraño y traumático que les pueda parecer sus hijas, se masturban, si, lo sé, es duro, asúmanlo. Y si, son los mismos que se sienten orgullosos por el día porque su primogénito folla, y por las noches se sienten mal porque su hija igual está follando. Los mismos que sostienen que la homosexualidad es una enfermedad por ser antinatural, y el sexo es malo, a que no saben por qué,  por ser natural.

Siempre pueden comprarle los condones a sus hijos, hablarles abiertamente sobre la sexualidad y la masturbación, o dejar que lo aprendan en el gimnasio del colegio por parte de los mayores, o en Internet viendo porno y después borrando el historial.

Porque no hay palabras para definir a alguien que pone una denuncia por corrupción de menores por la organización de unos talleres sobre educación sexual. En realidad si hay palabras, pero son todas bastante feas y muy probablemente sea delito recitarlas, por lo cual, me las ahorraré, las pensaré para mi, y me quedaré más o menos tranquilo. Porque enseñar sobre  sexualidad debería ser poco menos que obligatorio, y llamar a estos talleres los “talleres de masturbación” es a parte de hipócrita, de mal gusto y de chiste malo, de una maldad y ganas de hacer daño apabullantes.

Porque gracias a dios, al suyo, al que sea, o al que no existe, la vida no es un valle de lágrimas, ni es una penitencia continua, ni un calvario, por mucho que les joda, no.

Más pajas, más hablar con sus hijos, y menos mojigatería y gilipollez es lo que hace falta.

Y además, son gratis.

Me voy con Woody Allen: “Masturbarse es hacer el amor con la persona que más quieres.”

P.D.: Si no sabes de que va, lee esto, y aquí está el famoso manual. Vía A la sombra del tomate.

3 comentarios sobre “Pajas”

  1. Con lo bonito que es que una sexóloga (por regla general son chicas) te diga como se hacen las cosas. Corrupción de menores es de lo que habría que acusar a los padres por sobreprotectores.

    Escuela de padres obligatoria YA!

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