Ni un paso por nadie

Resulta que todos somos muy valientes en casa, como para todo. Es muy fácil hablar, y maldecir lo mala que es la gente que no darían un paso por ayudar  a ningún desconocido. Y lo peor, es verdad. Las ciudades se han convertido en un masa de gente que va a lo suyo, pensando en sus cosas, en sus prisas, en si jamón york o de pavo, en que me dirá el jefe por llegar tarde y eso de ayudar al prójimo se quedó en un libro viejo.

Puede que se deba a la saturación de desgracias que vemos día a día en la tele que ya nada nos sorprende. Hemos visto muertos de tantos tipos que estamos totalmente inmunizados contra el dolor ajeno. O quizás la cantidad de miseria que vemos a nuestro alrededor nos ha enseñado que como no llegamos a todo, mejor no llegamos anda.

Y ya no hablo de que la gente se hagan los héroes y salven a la bella princesa de largos cabellos como la miel de las garras del malvado ogro. Porque encimas que ayudas, va la princesa y te denuncia a ti por matar al ogro. Que incluso es comprensible que si dos canis están zurrando a un mendigo no te quieras meter , porque como nadie se mete, encima de no hacer nada, te van a reventar la cara a ti, por listo. Y por si las moscas pasamos.

El problema es que pasamos tanto, que al final nos convertimos en unos cabrones. Todos hemos visto, bien en la realidad, bien en la televisión, como si roban a una persona o pegan a una a alguien como tarda la gente en ir a ayudar, o igual ni ayudan. Vamos, que eso de ayudar a los viejecitos a cruzar el paso de cebra o a subir la compra es del pasado. Hemos visto accidentes de moto o de bicicleta, y como los coches esquivan el altercado y siguen aún antes de que nadie esté ayudando. Pero de que nos vamos a sorprender, si hay gente que aún haciéndolo ellos salen por patas…

¿Ha visto caerse a alguien en un autobús urbano o por la calle? Yo si, varias veces. Y si en la calle es triste que no ayude nadie, más triste es cuando en un autobús hay 50 personas y ninguno mueve el ala. Y no, no exagero. Hay miles de casos. Un mendigo se puede pasar días en el suelo muerto antes de que nadie siquiera haga la mención de fijarse en él. Y repito, no exagero, ni es sensacionalismo. Total, seguramente estará durmiendo… ¿Eso rojo? será vino…

Hemos llegado al extremo de que nos la suda todo. Y no os culpo, nos culpo. Yo estoy en ese grupo. No sé la razón, pero sudamos. Y que no venga nadie ahora a decir, pero pero pero yo si, porque no. O resulta que siempre que me he visto yo algo del estilo estoy rodeado de las personas más viles del planeta, o es que somos, mayoritariamente así.

Quizás, casi seguramente, me atrevería a aventurar que gran parte de la culpa, como siempre, la tienen los medios. Esos que básicamente nos dicen como pensar, lo que mola y lo que no. Esos que alternan el odio y el miedo hacia los demás, haciéndonos sentir inseguros, pensando que todos son asesinos en potencia y que la desgracia te acecha en cada esquina, con los resultados de la champions.

¿Descabellado? No lo creo.

Total, si me pasa algo a mi nadie me va a ayudar.

Y claro, un día sale alguien normal, que hace un pequeño gesto de valor por ayudar a alguien, y te sale en primera plana como “el héroe”. Cuando en realidad no es él no es el héroe. Él es alguien normal, y los trescientos que estaban mirando son trescientos hijosdeputa con todas las letras.

De todas formas es curioso, si pasa algo cerca, hacemos como que no lo hemos visto y seguimos para adelante. Pero si hay algún incidente y vemos que ha pasado algo, nos apelotonamos como putas hormigas morbosas a ver que ha pasado, a ver si vemos algo.

3 comentarios sobre “Ni un paso por nadie”

  1. Cierto, mas o menos… el mas o menos viene a cuento de que entiendo que estas exagerándolo un poco. Pero (no muy) en el fondo estas en lo cierto. Por otra parte yo soy mas optimista y creo que hay mas voluntad de ayudar de lo que aparenta al principio. Pero hay varios casos a tener en cuenta aquí.

    Primero, en las grandes aglomeraciones de personas, se investigó y se llegó a la conclusión de que la gente ayuda menos por motu propio. Eso se debía a la sensación de “¿y por qué voy a ayudar yo y no ese?”. Que además se da con más fuerza cuando eres tu el que necesitaba ayuda y no la recibió. Deleznable esa actitud, pues no puedes medir lo que debes hacer en según que hacen los otros. Pero bueno, si la gente viste, habla y piensa según lo que creen que otros dirán, ¿qué puedes esperar?

    Segundo, en las situaciones donde hay algún riesgo para el que ayuda, hay que tener en cuenta el impulso de la autoconservación. Comprensible en este caso, yo no le culparía a nadie de no ayudarme si con ello pudiera salir herido o muerto. Lo considero una decisión personal de cada uno (ya luego yo sacaré el juicio que yo quiera, pero eso es otra historia).

    En el caso de que alguien necesite ayuda (un anciano al cruzar, o alguien que se tropieza, o un ciego en una situación difícil), resulta patético ver como la gente es prácticamente inmune a estas situaciones. El caso del ciego me pasó hace poco, un chico con un perro estaba en una calle de un lado para otro, un poco perdido; yo esperaba el autobús en la otra acera. Me imaginé que alguien al otro lado lo notaría y le preguntaría, o él mismo preguntaría. Ninguna de esas cosas pasaron, y no hacía más que ir de un lado a otro. Tuve que acabar cruzando a preguntarle si necesitaba ayuda, y efectivamente, buscaba la parada del autobús (no lo sé, pero no creo que un perro guía sea capaz de llevar a su dueño a la parada de autobús y montarle en el correcto). Me monté con él en el autobús y le ayudé a bajarse en la parada correcta (no hice ningún esfuerzo especial, me venía de paso).

    Y por último, que ya me estoy pasando para ser un comentario, se puede dar el caso contrario, que alguien te quiera ayudar y no quieras ayuda. Me pasó de viaje en el extranjero, montado en un metro mirando el mapa (contando las paradas que me quedaban) un nota negro de más de 2 metros con un abrigo de piel de esos gordos se empeñó en ayudarme. Yo pensé que era un loco y le ignoré al principio pero como no paraba de insistir me puse a hablar con él. Un tío muy salao y simpático que quería ayudar por que a él también le ayudaron cuando estuvo de viaje y se sentía agradecido y se prometió ayudar a todo el que viera. Al final me hice medio colega suyo en ese rato. Esto ultimo como anécdota, tampoco hay que sacarle sentido a todo.

    Pero vamos, que sí, que hace falta más animo de ayudar al prójimo y menos miedo de que sea un violador, terrorista, pederasta y/o político.

    1. En el segundo parrafo no me he expresado bien con una cosa: “la gente ayuda menos que cuando hay poca gente alrededor y son los unicos que pueden ayudar, entonces la presion para echar una mano es mayor”

    2. eh eh, no vale poner comentarios más largos que mi post!

      Respecto a lo que dices, pues sí, hay de todo, pero la tendencia general es dar por culo aunque el esfuerzo que requiera la ayuda sea mínimo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *