Ni tanto, ni tan poco

Siempre ha ocurrido, y siempre va a ocurrir. Creo que no es nada nuevo, ni nada que nos debería sorprender. Que a estas alturas seamos todavía tan gilipollas, para mi gusto, deja bastante que desear.

Y a donde voy hoy. Pues voy al yo molo y tú no. Como siempre vamos. Al final voy a pensar que el universo y todos los problemas de aquí y de allá se pueden resumir en eso.

Puedo hablar de cualquier cosa. Aunque creo que para centrarlo, me voy a referir a temas culturales, como cine y música por ejemplo, aunque se pueda extender a todas y cada una de las cosas que vemos y tocamos, osea, a cada una de las cosas que consumimos.

Todo parte del querer único, genuino, original y exclusivo. Puro snobismo. Yo lo escucho y nadie más lo escucha. Yo le leo y nadie más lo lee. Yo lo visto y nadie más lo viste. Vamos, por lo que siempre se han objetos inútiles de lujo, o no tan de lujo, por el yo puedo comprarlo, y tú no, y mi status sube un peldaño, y mi ego dos.
Pero lejos del elitismo social del dinero, de los relojes caros, la ropa de diseño, y los trajes italianos, ya nos distinguimos de los demás por cualquier chorrada, y mejor si es más barata. Queremos pertenecer a un grupo, pero que tenga un mínimo de miembros para que no sea marginal, pero un máximo para que siga siendo cool y underground.

Claro que estos son ya los que han saltado el charco. Primero están los que tal como se lo dan se lo comen, con envoltorio y todo, sin preguntar, ni preguntarse, que coño pasa o que cosa es. Es decir, el que se traga todo tipo de moda y el consumidor fan de best-sellers. Lo mismo le da el último puto pantalón de moda, que la última superproducción de Hollywood, que el último hitazo prefabricado de una multi.

Son los que escuchan los cuarenta principales creyendo que no hay música más allá, ni antes ni después en el tiempo ni en el espacio. Los que van al cine al ver la última de Harry Potter y no saben que se hace cine fuera de USA, fuera de historietas fáciles para toda la familia, efectos especiales y el último más guapo del momento dándose de hostias con un tercio de la población mundial. La gente, que aunque resulta difícil de creer, no saben quien es Kubrick, Verdi, Orwell, por decir algo, y mucho menos, han visto, oído o leído nada de ellos. Y sin despeinarse, si el año que viene sale crespúsculo con toda la parafernalia y el merchandising ¿quien quiere más?

Me parece un poco triste tragar lo que te venden sin preguntarte si hay algo más, o si te gusta o no algo más. No digo que todo el mundo tenga que conocer todos los tipos de música undergrond del mundo, o al director de vete tu a saber que país que hace unas películas infumables. Es verdad que no se puede pasar de escuchar el canto del loco toda tu vida, a escuchar Death Metal escandinavo. Pero siempre es bueno tener un poco las miras abiertas, digo yo, e ir descubriendo cosas más allá del pop facilón y las películas de encefalograma plano.

Como primer punto, creo que he dejado claro el desprecio, no, desprecio no. Iba a decir pena o lastima, pero sería demasiado prepotente. Es algo como, joder, ¿Por qué? Te puedes estar perdiendo un huevo de cosas por no parar un minuto, apagar la puta televisión, y decir, bien, ¿Por qué?
Al otro lado, están los que ya, si, siento desprecio por ellos. Más que desprecio puede ser algo así como asco. Son de los que hablaba al principio. Los que quieren ir de guays por escuchar un grupo que no sale ni en google, por ver películas surcoreanas que no las entiende ni el que las hizo, y por leer libros, que por huevos, han tenido que escribir ellos mismos, de malos que son.

Son los típicos que adoran a un grupo de música. Pero cuando salta a la fama, reniegan de él. Se han vendido dicen, es su frase favorita. Quieren que hagan música para ellos solos. Esos que miran con desprecio a los nuevos seguidores de ese grupo que se ha vendido, y dicen, bah, antes si eran auténticos. Yo estoy seguro de que miran la lista de éxitos, y si sale alguien que les gusta, automáticamente dicen que no les gusta, y critican su último disco con un odio visceral, como heridos.
Son igual que los anteriores, pero peor. Más sobrados y prepotentes. Modernetes, alternativillos, underground que sienten la necesidad de la exclusividad, del yo si y tu no. La pena es que estas modas alternativas, siempre son cogidas por las multis para explotarlas, en todas sus facetas culturales. Pero después, cuando se masifique, siempre podrán decir, yo fui primero. Si eso os consuela…

La virtud siempre esta en el medio, o eso dicen. Si quiero ir al cine al ver el último peliculón con la misma trama de siempre pero un poquito más espectacular, si quiero sentir como me salpica la sangre y como uno a uno se va bajando a cuchillo mafioso a mafioso, iré. Si quiero escuchar el último exitazo de la radio, lo escucharé. Y si quiero leer la trilogía entera de millenium, con todos los peligros que ello conlleva para mi salud, lo haré, y después me comprare palomitas e iré a verla al cine.
Pero por favor, ni tanto, ni tampoco.

4 comentarios sobre “Ni tanto, ni tan poco”

  1. ves lo bueno del Spotify? Estoy descubriendo un montón de musica; yo no sé si es chic o undergroun, si está a la moda o si no, pero me encanta y con eso me vale. Si venden muchos discos pues mira, mejor para ellos. Yo que me alegro.

    En cuanto al otro extremo, los que solo comen lo que les mete la publicidad, pues que decirte; pones el ejemplo de cine (made in USA) y musica (made in Los40) pero yo voy a ir mas allá y pongo como ejemplo la comida; yo que quieres que te diga, prefiero el embutido extremeño que me trae mi carnicería al envasado del Mercadona; y prefiero mil veces cenar en Bar Casa el coño de la Bernarda que en el McDonalds, aunque no me regalen juguetes.

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