Basura

 

Seguro que recuerdas cuantos móviles has tenido. Uno por año no es una mala media. No quiero ponerte tampoco a pensar mucho, echar la vista atrás y mirar cuantos ordenadores has tenido. Desde aquel que iba con cintas hasta el que tiraste el otro día porque iba muy lento. Si hablamos de impresoras ya es otro tema, entre las de tu trabajo, y las que has tenido en casa y has tirado porque eran viejas y salía casi más barato comprar otra que cambiar la dichosa tinta, seguro que han pasado unas cuantas por tu cara. El GPS, el mp3, la consola y demás, ya ni los mentó, porque sería ridículo. Las lavadoras, microondas, lavavajillas, hornos, batidoras y demás no nos interesan hoy, porque toda esa mierda va a otro sitio que no sabemos y por el cual no nos podemos sentir mal.

Después de la charleta de siempre, de todo lo que consumimos, lo malos que somos y todo lo que vamos  a sufrir en el infierno por nuestros pecados, y viendo que no se va arreglar nada de aquí a mañana, ni al año que viene, por lo menos un par de fotos para ver si nos sienta un poco peor la cena. Porque claro, decir que nuestras zapatillas las hacen niños con diente de leche ya no nos perturba lo más mínimo, es algo que ya hemos aceptado. Qué dura es la vida pero que bonitas son estas zapatillas.

Pero que haya gente a miles de kilometros que queme mi Pentium 2 para sacar 20 miseros gramos de cobre, me parece acojonante. Ahora es cuando viene el vídeo de una ong y te dice, este niño de 12 años, huérfano y sometido a violaciones reiteradas por su padrastro trabaja 12 horas en las minas de sal con unas condiciones infrahumanas por medio dolar al día, negrito con lagrima y número del banco para que dones. Eso obviamente ya no funciona, igual funcionaba en los noventa cuando nos quedaba algo de humanidad, pero ya no está de moda apadrinar desdentados. Así que como ya no se puede hacer nada, supongo, solo queda contarlo, ¿no?

En el fondo los ordenadores son como los chinos. Nacen en china, vienen aquí cuando son jóvenes, y cuando están viejos van a morir a su país. Es curioso que una impresora sea fabricado en Taiwan por un menor esclavizado, viaje 9000 kilómetros hasta aquí, y después viaje otros tantos a un vertedero nauseabundo de África donde se arremolinan niños más pobres todavía que los que los fabricaron para quemarla y sacar un exiguo beneficio.

 

Esto es reciclaje puro y no la mariconada esa de separara plástico de madera en contendedores de colorines.

 

No deja de resultar impactante las aventuras que ha podido sufrir tu móvil de tercera generación. No es muy típico de las películas estas, en el que amelie (o similar) se tumban en un romántico parque del extrarradio de París y cuando ve pasar un avión se pregunta con la más amable de las sonrisas: ¿Oh, un avión, quien viajará en sus asientos? ¿Que historia tan apasionante le estará ocurriendo al pasajero del asiento 113? ¿Qué pensará?

Podemos hacer un ejercicio similar pero más divertido. Cojemos nuestro portátil. Lo miramos detenidamente. Y ahora pensamos que estará pasando por la cabeza de la rata que lo hizo. Nos tendremos que conformar con eso, porque pensar lo que está comiendo nos será más complicado.

Eso sí, si nos ponemos románticos podemos pensar en que vertedero de basura tecnológica acabará, quien lo quemará, y que gases tóxicos puedes desprender la última generación de microprocesadores.

Si, sale más barato meter la basura debajo de la alfombra, aunque reviente la casa y salga el olor por la chimenea.

Sale más barato crear empresas fantasmas de reciclaje y forrarse mandando la basura donde la escoria está tan ocupada por intentar sobrevivir que nada más importa. La culpa es de las empresas, de los gobiernos, de los desalmados que se llenan los bolsillos con el humo de los plásticos quemados, pero sobre todo, y lo más importante, nuestra.

 

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Más fotografías

La primera fotografía es de ÁLVARO YBARRA ZAVALA, las otras de google imágenes.

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