Lección política

Siempre me ocurre lo mismo, pienso algo, de una determinada manera, pero me es imposible resumirlo en un trozo de papel. Para eso estan los genios, para decir en unas pocas palabras algo que va mucho más allá, y más allá, y más allá.

Y sí está escrito hace muchos, y por un español, todavía es más raro el asunto. Cuando viene en forma de lección, de humildad, de que nos toca agachar la cabeza por una vez y dar la razón, de que siempre nos pasa lo mismo, y de que en este país las cosas son así, y no las podemos ver de otra manera.

Sí, en España pertenecer a una vertiente del pensamiento político va más allá de todo fanatismo. No hay doctrinas políticas, ni escuelas de pensamiento, ni siquiera maneras de pensar o hacer las cosas. Hay o esto, o lo otro. O blanco, o negro, nunca verde, o rojo. Pertenecer a los unos es más que votar a un partido. Es ponerte la camiseta de tu equipo, gritar al arbitro y vejar al rival. Es un forofismo irracional, apoyo incondicional al tuyo, haga lo que haga, diga lo que diga. Es pertenecer a un club cerrado, en el que odias al rival y aúpas a tu compañero. Elitismo político.

Solo es cuestión de quitarse la venda.

“Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”.

 

José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas, “Prólogo para franceses” (1937)

 

P.D.: La lección, obviamente, no es la mía, si no la sombreada de más abajo. Y ya de paso recomiendo el libro, que aunque el prólogo es un tanto infumable, y empieza algo espesito, va cogiendo forma poco a poco, y de que manera.

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