Jugando a la guerra

 

Ya es triste, y siempre lo ha sido, no es algo nuevo, si no, una de estas cosas horribles, que están ahí, siempre han estado ahí, pero solo nos acordamos cuando algún turbador de conciencias viene a llamarnos a la puerta, y al pasar nos dice, ¿cómo sois tan hijos de puta de saber que ocurren cosas así, y aún así, podéis dormir por las noches?

Las armas de fuego son cosa fea. Un arma sirve para matar, para disparar, para apretar un gatillo y quitar una vida. No sirven ni para defender la constitución, ni un país, ni una ley, ni para defendernos a nosotros mismos, ni a nuestros pequeños. No sirven para misiones de paz, ni para la seguridad del ciudadano. Un arma sirve para lo que sirve. Dispara, y mata. No hay más, ni aunque se adorne con las más bonitas palabras, ni aunque se nos llene la boca con la diosa justicia.

Cuando toda esta basura de ira, resentimiento, frustración y odio, la juntas con cocientes mentales por debajo de la ineptitud, la mezcla es fulminante. Si añades infancia, es desoladora.

No sentimos ya nada, ni siquiera pena cuando nos relatan las aventuras de los niños soldados en Latinoamerica y en África. Negrito desdentado con Ak-47 suministrada por los soviéticos mata, viola y arrasa poblados enteros sin ningún tipo de problema ni digresión moral, más allá de la que le haya podido costarle aprender el complejo mecanismo de utilización del arma, con dos marchas, matar, y matar. El cuento de siempre, dos tribus/pueblos/etnias (póngase aquí cualquier diferencia entre dos seres humanos, cualquiera, la más disparatada que se les ocurra) se odian desde un tiempo, llamemoslo X, o simplemente siempre. El odio está latente, un poco de épica bélica contra el de enfrente, una educación escasa, y a ser posible, un familiar muerto a manos de los otros, y tenemos una perfecta maquina de matar de catorce años.

Pero la más absoluta y denigrante de las vergüenzas viene de mano de los que hacen de las armas un juego frívolo e infantil. Hoy ni siquiera voy a nombrar el mugriento y detestable negocio multimillonario de la guerra, las armas y la muerte. Hoy viene todo por la imagen que están viendo, una imagen que no precisa comentario. Basta verla para que a uno se le zarandeé el espíritu y quiera renegar de su especie, solo pensar que alguien que aparezca en una foto así pueda tener algún tipo de lazo con uno mismo, dan ganas de vomitar. Ese niño de ocho años que ha aprendido que un arma sirve para divertirse, además de para matar, esa sonrisa que se le escapa al padre, orgulloso de su retoño, seguramente imaginándoselo el día de mañana luchando por su país en alguna estúpida y descerebrada guerra, y el amigo, colaborando, sujetando las pesadas balas de la desidia.

Una foto para detenerse un momento y pensar, que alguien, en algún lugar, esta haciendo algo mal. Alguien en algún lugar, o todos nosotros en todos y cada uno de los rincones de la tierra.

Y si este auténtico despropósito no nos daría la suficiente vergüenza, siempre la podemos decorar a la última moda:

 

Las fotografías son de XLsemanal

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8 comentarios sobre “Jugando a la guerra”

  1. Te he descubierto en el concurso del 20. Lo que cuentas es tan terrible como real. Me ha recordado el reportaje de Jon Sistiaga. El tema de las armas…negocio lucrativo…España como dijo Gervasio Sánchez “ocupa el 8º lugar del ranking de países que comercia con armas y munición de guerra. Estamos en la Champion League de venta de armas y esto hay que denunciarlo”: http://www.lapicesparalapaz.com/2007/11/espaa-est-en-la-champion-league-de.html

    Un saludo y suerte en el concurso

    1. Pues sí, es una pena, pero ganan demasiado como para que cambien de un día para otro, y la verdad, no interesa.

      Gracias 😉

      P.D.: suerte suerte… bueno, no esperaba nada, pero si ya te ha servido a ti para entrar en el blog, me sobra 🙂

  2. Me ha recordado al documental de Moore, Bowling for Columbine. Efectivamente, como dice Salva, no hay marcha atrás, pero es horriblemente triste que esten así las cosas.

    Un saludo

  3. Hola Mariof, este tema que comentas es algo que nunca podré entender. Como dice Laura a mí también me ha recordado el documental de Moore, pero además a todas esas personas que simplemente mueren porque alguien pillo un cabreo y como tenía un arma cerca disparó.

    Un saludo.

  4. Gracias por los comentarios, la verdad que sí, lleváis razón, es una pena.

    Y sí, el documental de Bowling for Columbine puede que me marcase bastante, lo vi bastante bastante jovencito y me impactó las barbaridades que ocurrían por el mundo.

    De todas formas, a Moore hay que cogerlo muchas veces con pinzas, ya que tira mucho de demagogia para hacer ver lo que no se ve tan fácil, y es relativamente sencillo caer en el engaño.

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