Juegos olímpicos. ¿En serio?

Da igual cuándo, cómo y por qué, todo político quiere tener su pelotazo. No importa el uso a posteriori, el aporte cultural a la ciudad, si es bueno o si es malo, económicamente viable o no, aquí vale la foto, la publicidad, y el prestigio internacional que le dé a la ciudad. Ya vivas en una gran urbe o en villalatuerta de arriba. Y la madre de todos los pelotazos son los juegos olímpicos, lo más alto a lo que un político puede aspirar para la reelección eterna.

Uno empieza asfaltando calles, se le va la pinza y se saca de la manga un aeropuerto de esos bonitos con paredes de cristal y siete pistas. ¿Qué no hay aviones? Secundario, paleto, los canapés de la inauguración y la portada los periódicos contando los visitantes por “puñaos” no tiene precio. Y si el vecino no lo tiene, nos reímos de él. Pelotazo nivel uno.

Y no estamos hablando de asfaltar la calle mayor para las fiestas patronales aprovechando la coyuntura pre-electoral, para eso de que vengan las viejas a aplaudirnos. Que hablamos de unos juegos olímpicos. Aunque al final es lo mismo.

Porque si se hacen, eres el puto amo, el mejor alcalde, el mejor concejal, y menudo presidente. Tu sonrisa en la foto deslumbrará, ese salto de alegría al oír el nombre de tu ciudad, que fiesta, y el apretón de manos al presidente del comité, oh, que bien señor Alcalde. Champán y putas para todos.

Que no aprendemos, oye, en Zaragoza crecen las enredaderas por las paredes de mármol, y la hojarasca se acumula en los salones de bienvenida, pero pasa el paisano por allí, y que grande la Expo, si señor, que alcalde, que orgullo de ciudad. Vacío pero bonito, tan bonito que insulta. Una delicia.

Que Valencia se cae, no pasa nada, las chatis de la formula uno calientan el ambiente, con la temperatura del asfalto no hace falta ni calefacción. Que alegría, que regatas, que glamour, y como refleja la ciudad de las artes y las ciencias. Por la noche hace un juego de luces maravilloso.

Si nos ponemos más estupendos, Atenas fue espectacular, se batieron todos los records, que carrera de 100 metros, memorable. Grecia viento en popa a toda vela, que derroche, que nación más espectacular.
Y Sudáfrica. Ni un mendigo, ni un ratero, ni un pobre negrito desdentado dándonos pena. Todo lujo y pasión. Unos estadios… ¡Qué estadios! Bienvenido al primer mundo, con pase Vip. Y no se crearon puestos de trabajo. ¿A costa de qué? ¡Que más dará! Para que vean que no solo somos aquí así de magníficos.

Además, esto es como los exámenes, tu te presentas aunque no lo lleves bien, y si suspendes, vas a la siguiente convocatoria. ¿Y si no? Pues a la siguiente. Y si tampoco. ¡Pues a la siguiente estúpido! Alguna aprobaras. Nuestra meta está en el doscientosmildoscientosveinteypico. La constancia es una virtud.

Decenios y centenios de visitadores. Puestos de trabajos a centipentios. Que oportunidad. Y en impuestos y patrocinadores, a manojos. Sin contar con la hostelería, loca de alegría, como en la visita del Papa. Negocio redondo. A toda costa. ¡Juegos y juegas para todos! Y en la foto sonríe, no vayas a salir mal, que ya es hora de poner a Madrid en el mapa.

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2 comentarios sobre “Juegos olímpicos. ¿En serio?”

  1. Gilipollez de juegos olímpicos total, viene siendo ya por cabezonería para nada, porque los juegos no serían hasta dentro de ¿8 años? ¿seguirá la misma directiva en el gobierno? siga quien siga, dentro de 8 años ¿se acordará la gente de quién fue el que consiguió los juegos?

    El comité olímpico debe de estar partiéndose el ojal viendo como Madrid se gasta dinero presentándose una y otra vez, ¿habremos batido el récord de candidaturas olímpicas consecutivas?

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