Es para las personas que no apagan las noticias…

Siempre me ha gustado leer los prólogos de los libros, pienso que el autor ha tenido que elegir una frase, una pequeña historia o anécdota, que describa lo que les ha supuesto el libro, lo que piensan respecto a su obra, lo que les hace sentir, en definitiva, es el reflejo del autor a la hora de publicar la obra. Pequeños trozos de papel en los que se encuentra mucha sabiduría.

Tengo un pequeño cuaderno en el que voy recopilando todas estas citas e historias que me parecen interesantes, las cuales puedo compartir en este blog de vez en cuando, pero de todas ellas siempre me ha marcado una de una manera especial.

Es uno de eso relatos, que los lees una vez, y no se te olvidan en la vida. Lo podrías repetir mil una veces. Puedes volverlo a leer y volver a comprobar que no te equivocabas, que es perfecto, y que dice lo que tiene que decir de una manera genial. Coge una situación cotidiana, aparentemente normal, y la dota de un trasfondo que en un principio pasa desapercibido.

Todo esto aún me satisface más cuando no es un personaje muy conocido, como podría ser un escritor de grandes ventas, aunque sus obras si son grandes ventas. David Lloyd, el ilustrador de la novela gráfica V de Vendetta, y sin ser el guionista de la obra, supo muy bien darle ese toque especial con sus trazados y colores a la obra escrita por Alan Moore, e incluso supo captar mejor la esencia de la obra con su prologo.

Sin entretenerme más, recomiendo encarecidamente leer con detenimiento el comic, ya que es una de esas obras que te marca y te hace ver las cosas de otra manera, e incluso tras varios años de haberla leído, sigues saboreando sus recovecos.

Hace algunas noches, de camino a casa, entré en un pub y pedí una Guinnes.

No miré el reloj, pero sabía que aún no eran las ocho en punto. Era martes y de fondo podía oír la televisión, que emitía el último episodio de Eastenders, un culebrón sobre el día a día de la desvergonzada y alegre clase obrera de una zona mítica y decadente de Londres.

Me senté en un banco y cogí una copia de un periódico gratuito que alguien había dejado en el asiento de al lado. Ya lo había leído antes. No tenía muchas noticias. Dejé el periódico y decidí sentarme en la barra.

Esa noche no había mucha actividad. A lo lejos podía oírse el murmullo del televisor por encima de la charla de la gente del bar y el sonido de las bolas de billar chocando entre ellas.

Después de Eastenders empezó Porridge, la reposición de una comedia de situación acerca de un desvergonzado y alegre prisionero en una cómoda, decadente y nada opresiva prisión victoriana.

Tras la barra, de un modo casi imperceptible, desde las botellas situadas hacia abajo los licores goteaban. Contemplé como las gotas de whiskey y vodka se unían en su silenciosa caída.

Acabé mi bebida. Levanté la mirada y el camarero me la devolvió, “¿Una Guinnes?”, preguntó, mientras iba ya a por otro vaso helado. Moví la cabeza en señal de afirmación.

La mujer del camarero llegó y comenzó a ayudar con los pedidos de los clientes.

A las 20:30, después de Porridge, empezó A question of Sport, un sencillo concurso con un panel de preguntas con famosos deportistas desvergonzados y alegres que respondían a preguntas sobre otros famosos deportistas tan desvergonzados y alegres como ellos…

La jovialidad reinaba.

“Le diré al barman que las botellas gotean”, pensé.

Las noticias de las nueve siguieron a A question of Sport, al menos durante 40 segundos hasta que apagaron la televisión y una alegre y desvergonzada música pop ocupó su lugar.

Miré de nuevo al barman. “Sólo la mitad esta vez”, le dije.

Mientras me llenaba el vaso, le pregunté con solemnidad por qué habían apagado las noticias. “A mí no me pregunte, ha sido mi señora”, replicó de un modo alegre y desvergonzado, mientras el objeto de sus bromas trajinaba en un rincón del bar.

El goteo de las botellas dejó de importarme.

Acabé mi cerveza y me fui, casi seguro de que la televisión permanecería en silencio el resto de la noche, ya que después de las noticias de las nueve se emitía Los niños del Brasil, una película con muy pocos personajes alegres y desvergonzados en la que un grupo de nazis crea 94 clones de Adolf Hitler.

Tampoco hay muchos personajes alegres y desvergonzados en V DE VENDETTA, que es para las personas que no apagan las noticias.

David Lloyd

14 de Enero de 1990

4 comentarios sobre “Es para las personas que no apagan las noticias…”

  1. wuau, yo tambien suelo leer siempre los prologos, en este caso nunca he leido V de Vendetta, ni por supuesto su prologo pero concuerdo contigo en que es buenisimo, es una manera fantastica de sumergirte en el libro sin desvelarte absolutamente nada, ya que yo, ahora mismo, me están dando ganas de leerla solo por el prologo, jejeje

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *