El valor de la confianza

La publicidad es algo que me asombra. El mismo que hace el producto y te lo quiere vender te dice lo bueno que es, te convence de que es más caro porque la calidad es claramente superior, y a la vez te dice que los demás hacen baratijas dignas del mercado de un pueblucho.

Con todo esto, te hacen identificarte con la marca/producto como si lo hubieses parido tu mismo, creándote una falsa sensación de superioridad respecto a los demás productos y creando una especie de identidad inherente a ese producto, como si tu molases más por tenerlo, bien sea por su precio, por sus “cualidades” o porque se utiliza en un determinado tipo de contexto social.

Cuando solo lo tienes por el dinero que vale.

Y no hay más que salir a la calle, y ver los hombres anuncio que somos. El tipo que invento el logro más grande que la propia camiseta esta ahora descojonandose de nosotros. ¿Publicidad, para qué? Si puedo hacer que la gente sea un cartel andante, y que además se enorgullezca de serlo. Porque las cosas siguen su evolución natural. Antes en las gafas lo más que podías poner era el número de serie en el interior de la patilla. Pero y si ponemos las patillas tal que así, enormes, y ponemos un armani, o un D&G que ocupe media cara del pijo en cuestión, pues mejor que mejor, y encima le cobramos quinientos pavos por las gafas. Ahí momentos que pienso que a esta gente le pagan, porque si no es difícil.

Pero el caso es que, oh crisis ven a mi, la gente dice, ¿para qué?. Si ya somos gilipollas, como para además pagar por ello. Y entonces en vez de pagar tres euros por seis yogures con poderes mágicos decidimos comprarlos por menos de la mitad con marca blanca, que vale, a veces no son igual de buenos, o sí, o están hechos por el mismo, vete tu a saber.

Y entonces, el tipo de danone, por seguir con el ejemplo de los yogures, se empieza a preocupar. Y se junta con su amigo el del cunde más de lo que cuesta y con el de te vas a afeitar como si vírgenes amazonas te rasurarían con sus lanzas mientras te hacen una felación debajo de una catarata, eso si, por 25 euros el recambio de cuchillas.

Y esto y lo otro hacen unos anuncios y un sello, y se auto-denominan marcas de confianza, o valor seguro. Que si, que mira, que pagas un poco más, pero que nosotros somos marcas de toda la vida y las otras a saber quien y como las hacen. Algo así como que te hemos timado toda la vida y queremos seguir haciéndolo.

Yo la verdad tengo una idea mejor para el anuncio en cuestión, algo más directo, más dinámico y atrevido (por utilizar la jerga, supongo…) algo así como:

¿Follarías con condones del dia?

Porque claro, insinuar que tu leche pasa todos los controles del mundo y más, y las demás, vete tu a saber, está muy feo. Eso de decir, mira, mis yogures son muy molones y muy sanos, y claro, ¿querrás lo mejor para tus hijos no?, ¿no les darás cualquier mierda sin marca y sin seguridad no?

Eso es muy básico, el valor de la confianza, o la desconfianza a las marcas que no hacen anuncios ni reglan muñequitos a los críos, no es suficiente. Es mejor ir a lo seguro.

5 comentarios sobre “El valor de la confianza”

  1. Muchos anunciantes ni siquiera anuncian ya sus productos, ni lo buenos que son, sino sus marcas. Nike te dice que lo hagas, BMW te dice lo que te gusta conducir, y Coca cola lo feliz que eres, pero no te dicen que estarás mejor por el caucho bueno de las suelas, por el motor de alto rendimiento o por el refrescante sabor. Venden un estilo de vida ligado a una marca más que a un producto.
    Dan miedo.

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