El reloj mágico

Hoy voy a contar una de esas pequeñas historias que por alguna razón son especiales. Tengo que confesar que no se donde la leí, si es que la leí, no se donde la oí, si es que la oí, y no se donde la imagine, si es que la imagine. Supongo que la contaría algún día un profesor en clase cuando era pequeño, y se me quedo grabada a fuego, por eso, no se si la historia existe en realidad o no, o solo es una invención mía, y si existiera, está, seguramente muy difuminada, ya que solo recuerdo la idea original, y todo el relato es de mi invención.

La historia es la siguiente, un niño paseando un día por el bosque, se encuentra una caja vieja de metal con unas raras inscripciones. Al abrirla, encuentra dos apartados dentro de la misma. En uno de ellos, un viejo reloj de pulsera, y en el otro, un pequeño papel con unas instrucciones escritas a mano. En ellas se podía leer:
Cuando pulses el botón de este reloj, el tiempo avanzara. Usarse con precaución. Una vez el tiempo haya avanzado, es imposible volver atrás.

El niño no sabía muy bien como sentirse. Asustado por tan increible hallazgo, o tal vez alegre por el objeto que había caído en su poder.

En el viaje de vuelta a su casa, el niño estuvo pensando en el reloj magico, pero sin saber muy bien como y para que lo utilizaría. Al haberse entretenido en el bosque, llego tarde a casa. Su madre le empezo a gritar por la tardanza, y por lo sucio que iba. Él sin pensarlo, apreto el reloj, y sin enterarse, se encontraba en el día siguiente.

Llego a clase, y como se aburría pulso el reloj. Un día se callo con la bicicleta, y como le dolía mucho, pulsó el reloj. Siguio utilizando el reloj una y otra vez, cada vez que la suerte le daba la espalda, cada vez que tenía que enfrentarse a una situación adversa, incluso cuando se aburría, pulsaba el reloj. Así poco a poco fue haciendose más mayor. Por desgracia tuvo algunos problemas más, algunos algo graves, otros sin importancia, pero siguio pulsando el reloj. Se fue haciendo más y más viejo.

Cuando ya estaba en su lecho de muerte, rodeado de su familia, sus hijos y sus nietos, los convoco a todos en su habitación, y empezo a llorar. Se dío cuenta de que no había disfrutado de la vida, simplemente había estado esquivando los malos momentos, sin darse cuenta de que también forman parte de la misma. Sin enterarse, había consumido todos los momentos de la vida desde que encontro el reloj, y realmente, no había vivido. En ese mismo instante pulso el reloj, y nunca más lo volvería a pulsar.

10 comentarios sobre “El reloj mágico”

  1. No hay que esperar a que el tiempo (apretando o no el reloj) solucione los problemas porque los malos momentos hay que enfrentarlos, no obviarlos. Esto requiere fuerza mental y también valor.
    De nada sirve intentar “comprender” en esos instantes, todo requiere su espacio y su tiempo y será precisamente con el paso del mismo cuando llegue el momento de dimensionar, de encontrar un “sentido”, de obtener conclusiones y enseñanzas positivas hasta de las experiencias vitales más crueles…
    Gracias por compartir este relato.

  2. ¿Has visto la película “Click”?
    Yo desgraciadamente sí, es por eso que leyendo ésta bonita historia no haya podido evitar ver el careto de Adam Sandler y chafármelo.
    Saludos

  3. Yo, cobarde declarada de nacimiento, os aseguro que en muchos momentos de mi vida hubiera deseado tener un reloj como el de ese niño, de hecho… creo que hasta le voy a coger manía al chaval!!
    Pero a pesar de todo, sé que si lo hubiera tenido en más de una ocasión conmigo, no me hubiera atrevido a apretarlo (el que es cobarde lo es para todo, caray!) por temor a que el remedio fuese peor que la enfermedad… Por eso, como dice Inés, creo que lo mejor es afrontar las cosas tal y como nos vienen (aunque a unos nos cueste bastante más que a otros). Todo, lo bueno -y lo malo-, pasa por algo y nunca ppodremos cambiar eso así que, como siempre he escuchado por ahí, el camino más corto entre dos puntos es la línea recta. Eso sí, unos recorrerán la distancia a 100km/h y otros la recorreremos a 10… Hay cosas en la vida que nunca van a cambiar…
    Un fuerte abrazo a todos aquellos cobardes que, ironías de la vida, no temen decir que lo son y no pretenden finjir lo contrario, aún a su pesar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *