Disculpas señora Obama

Ya que el resto de mis compatriotas son un poco incívicos, por no soltar improperios de mayor calibre, seré yo, un humilde joven, quien le ofrezca disculpas por nuestro estúpido comportamiento.

Se que venía a descansar, pero compréndanos, sumergidos en esta grave crisis económica y de masa gris, estamos tan deprimidos y tristes, que adorarle es lo único que nos queda en nuestras tristes vidas.

Ya sé que solo es la mujer del presidente de un país muy poderoso, pero hace calor y nos aburrimos. Además en veranos no hay fútbol. Es una pena que no pueda gozar de la famosa siesta española, ya que estamos tan alegres de recibirla que queremos verla en todo momento.

Nuestros gentiles medios de comunicación, en consonancia con nuestro más sublime deseo de seguirla y perseguirla en todos sus actos, la someten a un riguroso acoso desde por la mañana hasta que se pone el sol. No les culpe, son meros enviados del populacho, guerreros en busca de nuestro tesoro, su intimidad. Igual usted pensó que sería solo el primer día, pancarta incluida, cuando no le dejaríamos ni mover un dedo del pie sin sentirse observada. Nada más lejos de la realidad, ahora ya se ha dado cuenta de que usted ocupa titulares desde el día que piso suelo de esta gran tierra, mañana, tarde y noche, y los ocupará hasta que parta a su dulce hogar.

Tampoco le importe que especulemos el porqué su marido no ha venido, ni que le sometamos a un exhaustivo chequeo de todo lo que hace, como, donde, por que y cuando. Sin contar las tardes de charla que nos vamos a pasar hablando de sus vestidos y de lo crecidita que está la niña, que claro está, se parece a su tío por parte de padre. En la época estival, ya se sabe, las noticias no abundan, y la talla de su sujetador puede rellenar sin problema tres horas del más intenso debate en cualquiera de nuestro canales.

No tenga miedo cuando hordas de ciudadanos, tras hora de espera, se abalancen sobre usted con el único objetivo poder contar que pudieron tocarle y lo guapa que usted es en persona. Sonría con la más elegante de las sonrisas y siga adelante.

No se asuste, si cree que le tratamos como a una reina, o en su defecto como emperatriz del universo y tierras adyacentes. Para nosotros, insignificantes humanos, usted, téngalo claro, lo es. No solo nos sentimos orgullos, honrados y complacidos con su presencia, es más, ahora nos hemos dado cuenta del valor que para nosotros tiene España. Si Mrs. Obama, ahora y no antes, sabemos que nuestro país está en el mapa, gracias a usted.

Sepa, que la alhambra brilla hoy más que ayer.

Mis más sinceras disculpas en mi nombre y en el de mi pueblo.

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