Cuando matábamos a los malos

La foto que ustedes ven arriba fue tomada hace ya unos cuantos años en una plaza de Milán. Por lo que cuentan los libros de historia, una de esas cinco personas era un gran hijo de puta. No un hijo de puta cualquiera, sino de los importantes, de esos que por su culpa se empiezan guerras.

El caso es que estaban cansados de él, lo cogieron, lo fusilaron, y lo colgaron en una plaza, boca abajo, para que lo viera todo el mundo. Como les pareció poco (por lo que se ve le odiaban bastante), dejaron a la muchedumbre que le golpeasen un poco más, aún después de muerto, que nunca se sabe, esta gente te resucita y te da un susto. Le golpearon tanto que le desfiguraron el rostro de ta manera que se hacía imposible reconocerlo.

Y claro, tenían excusa, estaban en periodo de guerras, pasaban hambre, básicamente estaban hasta la polla de cabrones como se tipo. Y así, a base de hostias, se creían que arreglaban algo, que vengaban yo que sé que, cuando en realidad lo único que hacían era ponerse a su nivel de asesino despiadado, con el aliciente de turba enfurecida, escarnio publico y absoluta barbaridad de tener a cinco tíos en medio de la plaza del pueblo, muertos, apaleados, y reapaleados, para mofa general. Y la gente como si nada, ahí tienes al fondo a los paisanos hablando del tiempo, y la plaza llenita de curiosos, que se ve que ese día no había fútbol.

Han pasado 65 años desde que alguien apretó el botón y disparó la fotografía, parecen muchos, pero poco hemos aprendido. Seguimos ajusticiando a los malos como en los periodos de guerras y barbarie, como en el salvaje oeste, el que la hace la paga, y ojo por ojo, porque se lo merecía.

Y así avanza la historia, y así intentamos construir un mundo mejor.

Fotografía extraída de la wikipedia, de dominio público.

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