El reloj mágico

por mariofz el 13 Octubre, 2008 en Historias curiosas

Hoy voy a contar una de esas pequeñas historias que por alguna razón son especiales. Tengo que confesar que no se donde la leí, si es que la leí, no se donde la oí, si es que la oí, y no se donde la imagine, si es que la imagine. Supongo que la contaría algún día un profesor en clase cuando era pequeño, y se me quedo grabada a fuego, por eso, no se si la historia existe en realidad o no, o solo es una invención mía, y si existiera, está, seguramente muy difuminada, ya que solo recuerdo la idea original, y todo el relato es de mi invención.

La historia es la siguiente, un niño paseando un día por el bosque, se encuentra una caja vieja de metal con unas raras inscripciones. Al abrirla, encuentra dos apartados dentro de la misma. En uno de ellos, un viejo reloj de pulsera, y en el otro, un pequeño papel con unas instrucciones escritas a mano. En ellas se podía leer:
Cuando pulses el botón de este reloj, el tiempo avanzara. Usarse con precaución. Una vez el tiempo haya avanzado, es imposible volver atrás.

El niño no sabía muy bien como sentirse. Asustado por tan increible hallazgo, o tal vez alegre por el objeto que había caído en su poder.

En el viaje de vuelta a su casa, el niño estuvo pensando en el reloj magico, pero sin saber muy bien como y para que lo utilizaría. Al haberse entretenido en el bosque, llego tarde a casa. Su madre le empezo a gritar por la tardanza, y por lo sucio que iba. Él sin pensarlo, apreto el reloj, y sin enterarse, se encontraba en el día siguiente.

Llego a clase, y como se aburría pulso el reloj. Un día se callo con la bicicleta, y como le dolía mucho, pulsó el reloj. Siguio utilizando el reloj una y otra vez, cada vez que la suerte le daba la espalda, cada vez que tenía que enfrentarse a una situación adversa, incluso cuando se aburría, pulsaba el reloj. Así poco a poco fue haciendose más mayor. Por desgracia tuvo algunos problemas más, algunos algo graves, otros sin importancia, pero siguio pulsando el reloj. Se fue haciendo más y más viejo.

Cuando ya estaba en su lecho de muerte, rodeado de su familia, sus hijos y sus nietos, los convoco a todos en su habitación, y empezo a llorar. Se dío cuenta de que no había disfrutado de la vida, simplemente había estado esquivando los malos momentos, sin darse cuenta de que también forman parte de la misma. Sin enterarse, había consumido todos los momentos de la vida desde que encontro el reloj, y realmente, no había vivido. En ese mismo instante pulso el reloj, y nunca más lo volvería a pulsar.

Que bonito es ser niño…

por mariofz el 23 Agosto, 2008 en Historias curiosas

Estaba yo el otro día cogiendo las entradas para ir al cine en la taquilla del mismo, cuando se acercó una niña a la ventanilla de al lado y dijo:

-Hola, ¿cómo te llamas?

A esto la dependienta se quedo un poco flipada, y la niña al ver que no dijo nada prosiguió:

-Yo me llamo Paula, ¿Y tú?

No se que me gusto más de esta situación, si la alegría de la niña, o lo normal que le pareció intentar hacerse amiga de la persona que esta trabajando al otro lado del cristal, o que los adultos hayamos perdido esa humanidad que conservan los niños, que los hace tan espontáneos y alegres, y que incluso nos parezca raro una situación como esta.

Deberíamos aprender más de ellos…

 

La fotografía se llama Sonrisa infantil y pertenece a littledreams_

“No te pases de listo”

por mariofz el 2 Agosto, 2008 en Historias curiosas, Reflexiones

Esta es otra pequeña historia anécdota que me contó un profesor (al cual aprecio, y mantengo contacto con el) hace bastantes años. El no se si se acordará, pero a mi me hizo pensar, y me pareció una historia curiosa, que por lo menos, caricatura un poco el tema, y por lo menos a mi, me explica un refrán que siempre me dijeron, y hasta que no me lo explicaron así, no termine de entender.

El profesor en cuestión, como todo buen profesor, cuando vio que los alumnos estaban cansados, hizo un parón de un par de minutos para que la gente no se desentendiera de la clase (estoy hablando de cuando era niño)

He hizo un circulo grande en la pizarra, el cual dividió por la mitad con una linea vertical pasando por su centro. Entonces puso a la izquierda de la pizarra la palabra listos, y a la derecha puso tontos. Arriba puso, muy listos a la izquierda, y muy tontos a la derecha. Entonces empezó por arriba a la derecha a poner crucecitas (empezando por los muy tontos) y fue poniendo crucecitas, al principio pocas, y cuanto más se acercaba a la mitad de los listos, fue poniendo cada vez más. Explico que muy tontos, había pocos, pero a medida que se acercaba a la mitad de los listos, iba habiendo cada vez más. Igualmente para la parte de los listos, que justo en la mitad, en la zona que toca con los “poco tontos” había muchísimas cruces, y a medida que se iba acercando arriba, iba poniendo pocas cruces, y decía que había muy poca gente tan lista. También dijo que había muchísimas cruces en el medio, porque es donde estamos casi todos. El dibujo en cuestión es: (más o menos…)

El mundo dividido en tontos y listos

Como vemos, los poco listos, y los poco tontos, son iguales más o menos. Pero el tema es el siguiente, los muy tontos lo son, seguramente, no por voluntad propia, aunque de todo hay en este mundo dividido y obviamente, no quieren ser más tontos. El problema esta en los listos, que cada vez quieren ser más listos. Ahí es donde entra la barrera que hemos puesto en el circulo al principio. De la parte de los muy tontos a la de los muy listos es imposible pasar, pero de la parte de los muy muy muy listos, a la de las muy muy muy tontos, casi no hay diferencia, apenas hay separación, de hecho, los muy muy muy listos, querrán ser más listos, lo intentaran por todos los medios, así que seguramente terminaran pasando la barrera, y acabaran siendo muy tontos.

Obviamente he explicado la cosa un poco para niños, como me lo explicaron a mi, pero tiene extensión mucho más allá de la frágil mente de un niño de doce años. Podemos cambiar la palabra listo, por muchas otras palabras, entre ellas, una de las que más me gusta es espabilado, pero vale cualquiera. Siempre que veo a alguien muy muy muy listo que se pasa, me imagino en mi cabeza el circulo, y veo claramente como pasa al otro lado, y a mi profesor diciendo, “muchas veces es mejor estar en medio con todo el mundo (preferiblemente en el lado de los listos…) que ser muy muy listo y pasarse”.

Como dicen en mi tierra, “no te pases de listo”.

Es para las personas que no apagan las noticias…

por mariofz el 26 Julio, 2008 en Historias curiosas, Reflexiones

Siempre me ha gustado leer los prólogos de los libros, pienso que el autor ha tenido que elegir una frase, una pequeña historia o anécdota, que describa lo que les ha supuesto el libro, lo que piensan respecto a su obra, lo que les hace sentir, en definitiva, es el reflejo del autor a la hora de publicar la obra. Pequeños trozos de papel en los que se encuentra mucha sabiduría.

Tengo un pequeño cuaderno en el que voy recopilando todas estas citas e historias que me parecen interesantes, las cuales puedo compartir en este blog de vez en cuando, pero de todas ellas siempre me ha marcado una de una manera especial.

Es uno de eso relatos, que los lees una vez, y no se te olvidan en la vida. Lo podrías repetir mil una veces. Puedes volverlo a leer y volver a comprobar que no te equivocabas, que es perfecto, y que dice lo que tiene que decir de una manera genial. Coge una situación cotidiana, aparentemente normal, y la dota de un trasfondo que en un principio pasa desapercibido.

Todo esto aún me satisface más cuando no es un personaje muy conocido, como podría ser un escritor de grandes ventas, aunque sus obras si son grandes ventas. David Lloyd, el ilustrador de la novela gráfica V de Vendetta, y sin ser el guionista de la obra, supo muy bien darle ese toque especial con sus trazados y colores a la obra escrita por Alan Moore, e incluso supo captar mejor la esencia de la obra con su prologo.

Sin entretenerme más, recomiendo encarecidamente leer con detenimiento el comic, ya que es una de esas obras que te marca y te hace ver las cosas de otra manera, e incluso tras varios años de haberla leído, sigues saboreando sus recovecos.

Hace algunas noches, de camino a casa, entré en un pub y pedí una Guinnes.

No miré el reloj, pero sabía que aún no eran las ocho en punto. Era martes y de fondo podía oír la televisión, que emitía el último episodio de Eastenders, un culebrón sobre el día a día de la desvergonzada y alegre clase obrera de una zona mítica y decadente de Londres.

Me senté en un banco y cogí una copia de un periódico gratuito que alguien había dejado en el asiento de al lado. Ya lo había leído antes. No tenía muchas noticias. Dejé el periódico y decidí sentarme en la barra.

Esa noche no había mucha actividad. A lo lejos podía oírse el murmullo del televisor por encima de la charla de la gente del bar y el sonido de las bolas de billar chocando entre ellas.

Después de Eastenders empezó Porridge, la reposición de una comedia de situación acerca de un desvergonzado y alegre prisionero en una cómoda, decadente y nada opresiva prisión victoriana.

Tras la barra, de un modo casi imperceptible, desde las botellas situadas hacia abajo los licores goteaban. Contemplé como las gotas de whiskey y vodka se unían en su silenciosa caída.

Acabé mi bebida. Levanté la mirada y el camarero me la devolvió, “¿Una Guinnes?”, preguntó, mientras iba ya a por otro vaso helado. Moví la cabeza en señal de afirmación.

La mujer del camarero llegó y comenzó a ayudar con los pedidos de los clientes.

A las 20:30, después de Porridge, empezó A question of Sport, un sencillo concurso con un panel de preguntas con famosos deportistas desvergonzados y alegres que respondían a preguntas sobre otros famosos deportistas tan desvergonzados y alegres como ellos…

La jovialidad reinaba.

“Le diré al barman que las botellas gotean”, pensé.

Las noticias de las nueve siguieron a A question of Sport, al menos durante 40 segundos hasta que apagaron la televisión y una alegre y desvergonzada música pop ocupó su lugar.

Miré de nuevo al barman. “Sólo la mitad esta vez”, le dije.

Mientras me llenaba el vaso, le pregunté con solemnidad por qué habían apagado las noticias. “A mí no me pregunte, ha sido mi señora”, replicó de un modo alegre y desvergonzado, mientras el objeto de sus bromas trajinaba en un rincón del bar.

El goteo de las botellas dejó de importarme.

Acabé mi cerveza y me fui, casi seguro de que la televisión permanecería en silencio el resto de la noche, ya que después de las noticias de las nueve se emitía Los niños del Brasil, una película con muy pocos personajes alegres y desvergonzados en la que un grupo de nazis crea 94 clones de Adolf Hitler.

Tampoco hay muchos personajes alegres y desvergonzados en V DE VENDETTA, que es para las personas que no apagan las noticias.

David Lloyd

14 de Enero de 1990

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