En espera…
A ver, acabo de coger la novena o décima llamada del día exactamente a las 21:24, un instantes antes de desear vuestras dolorosas y sangrientas muertes donde violaciones y utensilios de carnicero se mezclaban en una orgía de gritos y llanto.
Si lo malo no es que a las 9:24 haya recibido la primera llamada del día, ironías de la vida o no, que me hayáis despertado. Tras tirar el móvil contra la pared con tan buena suerte que la llamada se ha colgado y mi aparato no ha sufrido daños, he sentido un gran alivio, que se ha invertido exactamente diez minutos después, cuando me habéis vuelto a tocar los cojones llamándome otra vez.
Un par de horas después, he visto otra vez vuestro asqueroso número en la pantalla de mi teléfono, y he dicho, se van a enterar, esta vez voy a insultar tanto al pobre sudamericano explotado que intenta timarme para que me cambie a su chusco-compañía, que la siguiente llamada, en vez de ellos, la voy a recibir de la guardia civil.
Y tienen los santos cojones, de, al salir un sonido de mi boca, colgarme. Esto ya es de coña digo yo. La siguiente llamada, justo antes de comer, no la vi. Ya se encargaron ellos de arreglar este despiste mío, y volver a llamarme a la hora de mi flamante siesta, justo entre que la gente de telediario decía tonterías y yo me disponía a romper la cama. Que claro, llamarme a las 15:20 no es apenas molestia, que han repetido su acto, una hora después, y como muestra de su tenacidad, otra hora después, cuando estaba disfrutando infatigablemente de mi bocadillo de choped. Una vez reposado mi bocadillo, y siguiendo la inteligente serie de la tarde, que básicamente consistía en llamarme cada hora, siguiendo el ciclo de, te toco los huevos a las 3, a las 4, a las 5, a las 6, a las 7… Y claro, ya cojo el móvil para charlar con mi amigable hermano chileno y decirle que discrepo con el y con su compañía en un par de puntos, especialmente en su política de molestarme personalmente a mi, y no se les ocurre otra cosa a estos bromistas, que coartar mi libertad de expresión y ponerme una musiquilla, la cual he esperado como un guerrero mongol, y va, y me cuelgan.
Es una pena que yo esperaba la llamada a las 8 en punto de la tarde, pero su reloj molestador (que no despertador) se ha debido de estropear, que me han vuelto a llamar a las 20:27, y han debido pillarme en el baño limpiándome la sangre que me caía por la comisura de los labios.
Y claro, me disponía yo a cenar (no voy a dejar toda mi vida por ellos, no es plan) pensando que ya, las ocho y media de la tarde era buena hora para dejar nuestra pequeña disputa (-¡Oye, que aquí hay una disputa! -¿Una puta? -¡No, una riña! -Joder, entonces ya no es tan puta) que cuando la tortilla de patatas de mi ilustre progenitora resbalaba por mi garganta, he oído mi teléfono vibrar al fondo de la habitación, y he dicho, que bien, algún amigo querrá echarse un par de cervezas y criticar lo zorras que son las niñas de hoy en día, pero no, parece que mi compañero del pilla pilla entró a trabajar a las nueve de la mañana y sale a las diez de la noche. Y poco más, cuando me disponía a insultar con la boca llena (algo de muy mala educación eso de hablar con la boca llena), más musiquita y me cuelgan.
El caso, que dándole vueltas alas ironías de la vida, me acuerdo de ayer, que también me llamaron (llevamos jugando a esto de yo te cojo tu me hablas, yo te cojo pero no contesto, te cojo pero finjo que no hay nadie, hoy te cojo dejo el móvil en la mesa y empiezo a chillar como una loca etc.) y decidí coger, pero no hablar. Y el muy mamón, se tiro más de minuto y medio preguntando si había alguien al otro lado de la línea, y no contento con eso, dejo de hablar, me pusieron musiquita, y tuve que colgar yo, lo que en nuestro partido significa ellos 1, yo 0 y además gilipollas.
Si es que además es triste lo vuestro, que llevo con vodafone unos siete años, y el mes que me gasto diez euros me llaman para felicitarme. Si soy el típico que no tiene amigos por no llamarlos. Si tengo una triste tarjeta prepago, que ni siquiera me vais a colar un timo-contrato, ¿tan mal os va?. Tristes.
Pues nada, ante la irónica imposibilidad de comunicarme con vosotros, y dado que el juego ya me aburre, quiero rendirme formalmente. Supongo que mañana me daréis otra oportunidad, mis honorables amigos de movistar, ya que me habéis dado más de 25 en la última semana, todas ellas, desaprovechadas por mi indecorosa desfachatez.
Que os den por el culo.



