Aunque no quieras…

Ayer, por un comentario fugaz en la radio, tuve conocimiento de un documental francés dónde el experimento es actualizado. El documental de nombre ‘Le Jeu de la Mort’ intenta emular el experimento de los años 60, está vez con el escenario de un falso programa de televisión, zona extrema, en el cual unos concursantes (entrevistador) tienen que dar una serie de descargas eléctricas in crescendo a medida que el otro concursante (este es una actor) va fallando las preguntas. Todo tiene la apariencia de un programa real y el público no sabe nada. Únicamente se les paga a los concursantes cuarenta euros por participar, y las descargas van desde 20 voltios la primera, hasta 460 la última, lo cual es una absoluta salvajada. Obviamente el actor que responde las preguntas no sufre ninguna descarga, y su reacciones están pre-grabadas para que sean igual a los 80 concursantes. Entonces tenemos tres figuras, el participante en el experimento, el actor o persona que recibe las preguntas del primero, así como las descargas, y la figura de la autoridad, bien sea el investigador, o en este caso la presentadora, que representa la autoridad y trata de que el participante siga hasta el final.

En el experimento original, el porcentaje de participantes que aplicaron el “voltaje límite”, es decir, el último posible, fue del 65%. En otros experimentos realizados en distintas fechas y países, el porcentaje se sitúa entre el 61% y el 66%. Este nuevo experimento, a pesar de ser una simplificación, aporta un handicap nuevo, y es que aporta el “poder” de la televisión en todo el asunto. Por ello el 80% de los participantes llegaron hasta el final.

Dejando de un lado el influjo de la televisión, el poder de los focos y la presión de que te vean millones de personas, el experimento deja una cosa clara, y es más de la mitad de las personas, recordemos, personas normales, llegan hasta las últimas consecuencias del asunto. Hay dos factores muy importantes a tener en cuenta en los roles autoridad (el que le dice al participante en el experimento que debe seguir), el participante, y la “victima”. Y es que en diferentes experimentos realizados, se han constado que la cercanía del participante con la víctima disminuye el porcentaje de obediencia, así como la cercanía de la autoridad al participante aumenta este porcentaje. Por ejemplo, en el documental, hay una variante del experimento en el que al concursante se le deja solo en plató, es decir, sin la presentadora “instigandole” a realizar la acción, en la cual el 75% se retiran.

Otros puntos bastante curiosos que me ha revelado el documental es como, las personas que se encuentran bajo la autoridad que les induce a cometer los actos moralmente reprochables, entra en un estado en el que el participante trata de no hacerse responsable de sus actos, tratando de hacer como si no tuvieran nada que ver con todo, tratando de creer que toda la responsabilidad reace sobre la autoridad, etc. Así el 70% de los participantes hablaban por encima de los lamentos del actor entrevistado. Es decir, mientras estaba siendo objeto de descargas eléctricas, y consecuentemente se lamentaba, gritaba, gemía o suplicaba, los participantes seguían con sus preguntas, por encima de la voz del entrevistado. Preferían seguir sin importarles si les podía atender correctamente para así descargar culpa, para terminar antes, importándoles más ellos mismo que el sufrimiento real de la víctima, y así evitando el enfrentamiento con la autoridad. Preferían engañarse y no hacer caso a su conciencia, a sus valores morales, que desobedecer. También es reseñable que un 17% hizo trampas tratando de remarcar la respuesta correcta, es decir, querían a toda costa dejar de infligir dolor, pero lo infligieron hasta el final. Junto a esto, un 15% dijo después del experimento que no sé habían creído nada, que sabían que todo era mentira, que en la televisión no se podía hacer tanto daño a alguien, y por eso seguían. Prefirieron inventarse mil excusas antes que afrontar lo que en realidad pasaba y hacer algo por evitarlo. O quizás sea ese el 15% de diferencia con el experimento original.

Es como si hubiesen puesto el piloto automático y no fueran conscientes de sus actos, del verdadero dolor que están infligiendo. Incluso el 30% llegó hasta el final sin intentar revelarse contra la autoridad ni una sola vez. Obviamente sufrían cada vez que apretaban la palanca, pero siguieron.

Y claro, llegados a este punto, todos hemos pensado, joder que cabrones, yo no haría eso ni de coña, yo soy más guay que nadie y pararía porque, como le voy a hacer daño a un pobre inocente. Pues puede, que sí, o que no, pero es seguro que muchos llegaríamos hasta el final, sin ser asesinos ni sádicos, simplemente por que alguien nos lo ordena.

Muchos han criticado este experimento, ya que, pienso yo, nos gusta creer que los malos son de verdad malos, no personas buenas que se han visto superadas, o que simplemente han actuado como humanos. A lo que me refiero es que se puede ver como una justificación de los crímenes cometidos a lo largo de la historia, concretamente, en el nazismo, que es dónde siempre van a parar todas las conversaciones. ¿Nadie había pensado que los actos deplorables no tienen por que ser ejecutados por maníacos? Cuesta pensar que verdaderas barbaridades puedan haber sido cometidas por personas normales, como tú y como yo, que simplemente responden a una estadística. Si ya de por sí es difícil revelarse contra la autoridad en ocasiones banales a la vista como la de los experimentos, es difícil pensar lo que puede pasar por la mente de un humano en situaciones de guerra, o en situaciones donde haya una represión deliberada y un intento de control, y sobre todo, un castigo si se desobedece. Situaciones donde estemos solos y no nos podamos defender, donde nuestros valores morales choquen con lo que se espera de nosotros.

Ninguna de estas personas quería deliberadamente causar dolor, pero lo han hecho por seguir las ordenes de una autoridad en la que confiaban. Nadie en realidad se aprovecho de su poder para hacer daño, solo obedecían.

Me parece un tema muy interesante porque tiene muchas implicaciones en la vida, de por que muchas veces hacemos lo que hacemos. Lo fácil que es meterse en “la ola”, lo fácil que es ser manipulados y lo fácil que resulta hacer cosas que no queremos hacer. Todo esto en personas normales, me resulta fácil comprender lo que hacen por ejemplo, adolescentes fácilmente impresionables, personas que están en soledad y no tienen apoyos (ya que un punto fuerte del experimento es que el participante está “solo” es decir, no tiene donde defenderse o con quien sopesar su acciones, solo está con el mismo), y un largo etcétera.

Iba a continuar hablando del factor televisión, pero esto ha quedado muy largo, quizás en la siguiente entrada. Os aconsejo que veáis la película “Das Experiment”, ya que es sobrecogedora y a la vez un peliculón. También os recomiendo “La Ola” que aunque no es tan buen se deja ver. También podéis echarle un vistazo a la entrada que escribí hace tiempo sobre las dos películas “Cuando los experimentos cobran vida”.
Podéis ver el documental del que hablo aquí: “El juego de la muerte”
Y si queréis saber más del tema podéis echarle un vistazo a la wikipedia: Experimento de Milgram

Espero que os haya interesado 🙂 y si hay algún psicólogo/sociólogo entre los lectores, que se anime a comentar 😉

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