Aprendiendo a base de hostias
Que país. Tenemos la memoria débil. Más que débil, vaga. Selectiva. En España no estábamos acostumbrados a recibir inmigrantes. Hemos sido un país pobre, y por lo que cada día es más fácil constatar, paleto. Siempre fuimos un país de emigrantes, aunque por unos años nos creyéramos la mentira de que podíamos despreciar a los que no eran como nosotros.
Un país que progresa, un país al que le va bien, siempre está preparado para recibir inmigrantes. La población se acomoda, hay más gente con estudios, más dinero, más pensiones que pagar, menos natalidad y por lo tanto menos trabajadores que paguen esas pensiones, y más necesidades creadas que antes no existían. Un país con mucha inmigración es un país al que le va bien, un país rico, atractivo y con oportunidades. La primera potencia mundial es un país de inmigrantes, por si alguien no se había dado cuenta.
Por ello los cinco millones de personas, extranjeras, vinieron a hacer los trabajos que nosotros no queríamos, a servir nuestros cafés, a levantar nuestras edificios, a limpiar nuestras casas. Un drama eso de irte de tu país, dejarlo todo atrás, e ir a un sitio desconocido dispuesto, porque no te queda otra, a ser explotado. Un choque de culturas en la mayoría de los casos beneficioso, donde todos ganábamos. Inmigración es prosperidad, y ahora vendrán los lloros.
Pero se nos olvidó, y nos empezó a molestar su pobreza, y tal vez su color, ¿por qué no?. Pero nos iba bien y tampoco eran muchos, se aguantaba. Se nos olvidó cuando eramos un país tan pobre que tuvimos que hacer exactamente lo mismo que ellos, la maleta y el fardo, y subirnos a un barco, o patera, o avión, que más dará, siempre es lo mismo. El tiempo pasa rápido y se olvidá fácil, pero no hablamos de reyes y cruzadas, hablamos de apenas unas decenas de años. Cuando la mitad de Andalucía tuvo que irse a Cataluña. Cuando aún cuesta creer que quede gente en Galicia y no estén todos en Sudamérica. Cuando tuvimos que ir a apretar tornillos a Alemania, y a limpiar casas de señoritos a Suiza. No creo que sea el único que tiene un tío en América.
Eso siempre queda atrás, porque es más fácil creerse un nuevo rico con derecho propio, y los pobres que se jodan. Y que se busque la vida el que pueda, y el que no es porque no quiere. La historia es cínica, y devuelve los excesos. Las mamarrachadas y las chulerias. Las devuelve y con dureza. La humildad si no se tiene se aprende, y duele. Muchos se creyeron demasiado buenos para que a ellos, que se lo habían ganado, les pasara nada. Ryanair significaba vacaciones. Ahora arranca lágrimas.
Y en el 2012, esos South Europeans, pobres, maleducados, gritones y de piel morena, los latinos, tenemos que tragarnos nuestras palabras, y volver a hacer la maleta. Porque cuatro años son muchos ya, y la cosa no se arregla, y pintan bastos. Rezar no basta. El subsidio se acaba y las letras siguen llegando al buzón. Y no hay trabajo ni futuro, ni nada. Quizás con título y en avión pero la despedida es la misma.
Ojalá os miren con la mitad de desprecio con la que vosotros habéis mirado. Como nadie os enseño en vuestra casa, vais a aprender humildad así, de la manera más rápida, a base de hostias.
