No te fíes del farmacéutico
Tengo miedo a volar. Oye, podría ser peor, podría tener miedo a los tontos y tendría que quedarme siempre en casa. Sería irrelevante en un blog como este, si no fuera porque la anécdota que viene a continuación tiene su comienzo en esta fobia.
Me dirijo, cómo un cobarde cualquiera, dejando mi orgullo en casa, a la farmacia. Reproduzco la conversación con la farmacéutica.
- Hola, buenos días, mire, tiene algo para dormirme en el avión o por lo menos para los nervios.
- Pues te puedo dar este somnífero, pero es un poco fuerte. Algo un poco más suave igual te va mejor.
- Está bien, no sé, lo que usted vea. Igual mejor algo suave que tampoco es para tanto.
- Pues sí, algo más suave, así más natural, tengo esto.
Las palabras, más natural, todavía retumban en mi mente. Bueno, retumba más lo que me dijo a continuación, el precio que debía pagar. Cómo no soy muy asiduo a las farmacias dije, caray, pues sí que son caras estas cosas, todo sea por tener un viaje más cómodo. Pensándolo bien, por ese dinero prefiero pasar todo el miedo del mundo, pero ese es otro tema.
Metió la cajita en una bolsa, y me fui tan contento para el embarque. Dos pastillas ahora y dos antes de embarcar. Sí que es suave la cosa esta, cuantas pastillas hay que tomar para tan poca cosa. Paso el control, saco la caja de la bolsita. La madre que me parió.
MEDICAMENTO HOMEOPÁTICO.
Con unas bonitas mayúsculas. Ahí me acorde, entre otras cosas de la madre de la farmacéutica y del control de seguridad que nos separaba, pero sobre todo de los 8€ (ocho eurazos). Vaya putada, me han vendido caramelos de fresa, me han jodido ocho euros, tengo una cara de tonto que no puedo con ella, y en el avión lo voy a pasar mal, como siempre.

Ingenuo de mí, al decir, más natural, creí que se refería a algún medicamento derivado de la valeriana o similares. Ingenuo de mí, pensé, que alguien que ha estudiado una carrera (o alguien acreditado para vender medicamentos), debería darme un producto que me hiciera el efecto deseado, o por lo menos que llevase algo de principio activo, que si quiero caramelos compro lacasitos que están más ricos.
Ingenuo de mí pensé que deberían avisarme si me van a vender productos homeopáticos, o poner un cartel como los hay en otras farmacias, que pone, farmacia y homeopatía. Cartel que sirve para saber a que farmacias no debes entrar, dicho sea de paso.
Bueno, ya que estamos, vamos a mirar la composición, igual se han confundido y lleva algo. Sorpresa, el sistema métrico es para tontos. Aquí las cosas van en CH, lo que viene siendo, centésimas de Hahnemann. Vamos, diluciones centesimales de lo que alguna vez fue algo. Vamos, un timo. Eso sí, lactosa y sacarosa lleva, porque si no tendrían que venderte aire.
Para el que no lo sepa, o ande algo perdido, la homeopatía es (hay que decirlo más) una pseudociencia. Y pseudociencia es muchas veces el eufemismo que se utiliza para referirse a un timo, y a los timadores. Medicina alternativa significa que nadie dice que te vaya a curar, pero oye, te puede curar.
La homeopatía, fue la idea de un tío que decía que la gente se pone mala por las perturbaciones en una fuerza vital que hay nosedonde. Cómo esos que dicen que enfermas porque has sido malo en otra vida o porque estás cabreado. Un pirado que decía que la enfermedad formaba parte de la persona como un “total viviente” y que se curaba diluyendo un componente activo hasta que no quedase nada, porque un componente activo diluído casi hasta el infinito es mucho más fuerte que el componente activo.
Pues toda esa mierda a ocho euros la caja. Casi nada. Y tiene cojones la gente de decir que funciona.
Vamos, es una “ciencia “ que se basa en el, todo se pega menos la guapura. Ahora, tras los ataques recibidos por los científicos, se escudan diciendo que el agua tiene memoria, que por eso te cura, y se quedan tan contentos. En algún lado leí que si el agua tiene memoria, la homeopatía está llena de mierda. Nada más que decir al respecto.
Lo mejor, la gente la defiende, y de que manera. Sin saber lo que es, pero no veas, que al primo de la del quinto le curó.
- Pues a mi una vez me curó un catarro y además es muy natural, que las medicinas tienen mucha química…
Cada uno a su ritmo.
- Bueno, igual no cura, pero por lo menos no tiene efectos secundarios como los demás medicamentos.
Pues hijo, solo faltaba, que además de no curar, te hiciera daño. Y así hasta el infinito del despropósito. Gente que a la mínima que le duele un poco la cabeza se toma tres ibuprofenos y después te quiere curar una enfermedad imponiéndote las manos. Gente que se queja de esos medicamentos con tanta “química” (¿?), y cuando tienen algo de verdad, van al médico a que les cure con medicina de la de verdad. Gente que se queja de que el medicamento genérico no le hace lo mismo que el de marca (cuando contienen casi la misma cantidad de principio activo), pero se creen que les cura algo que no lleva absolutamente nada. Alucinante.
Ya en el avión, me acorde de los del suicidio homeopático, y me hice yo uno para mi solo. Me comí las 40 pastillas, que todo hay que decirlo, estaban ricas. Y sigo vivo. Entre pirula y pirula, y el cabreo que llevaba encima, llegue a mi destino. Gracias a la farmacéutica, que aunque no me quitó los nervios, me distrajo bastante y me hizo el vuelo más agradable.
