El valor de la confianza

por mariofz el 19 abril, 2010 en Otros

La publicidad es algo que me asombra. El mismo que hace el producto y te lo quiere vender te dice lo bueno que es, te convence de que es más caro porque la calidad es claramente superior, y a la vez te dice que los demás hacen baratijas dignas del mercado de un pueblucho.

Con todo esto, te hacen identificarte con la marca/producto como si lo hubieses parido tu mismo, creándote una falsa sensación de superioridad respecto a los demás productos y creando una especie de identidad inherente a ese producto, como si tu molases más por tenerlo, bien sea por su precio, por sus “cualidades” o porque se utiliza en un determinado tipo de contexto social.

Cuando solo lo tienes por el dinero que vale.

Y no hay más que salir a la calle, y ver los hombres anuncio que somos. El tipo que invento el logro más grande que la propia camiseta esta ahora descojonandose de nosotros. ¿Publicidad, para qué? Si puedo hacer que la gente sea un cartel andante, y que además se enorgullezca de serlo. Porque las cosas siguen su evolución natural. Antes en las gafas lo más que podías poner era el número de serie en el interior de la patilla. Pero y si ponemos las patillas tal que así, enormes, y ponemos un armani, o un D&G que ocupe media cara del pijo en cuestión, pues mejor que mejor, y encima le cobramos quinientos pavos por las gafas. Ahí momentos que pienso que a esta gente le pagan, porque si no es difícil.

Pero el caso es que, oh crisis ven a mi, la gente dice, ¿para qué?. Si ya somos gilipollas, como para además pagar por ello. Y entonces en vez de pagar tres euros por seis yogures con poderes mágicos decidimos comprarlos por menos de la mitad con marca blanca, que vale, a veces no son igual de buenos, o sí, o están hechos por el mismo, vete tu a saber.

Y entonces, el tipo de danone, por seguir con el ejemplo de los yogures, se empieza a preocupar. Y se junta con su amigo el del cunde más de lo que cuesta y con el de te vas a afeitar como si vírgenes amazonas te rasurarían con sus lanzas mientras te hacen una felación debajo de una catarata, eso si, por 25 euros el recambio de cuchillas.

Y esto y lo otro hacen unos anuncios y un sello, y se auto-denominan marcas de confianza, o valor seguro. Que si, que mira, que pagas un poco más, pero que nosotros somos marcas de toda la vida y las otras a saber quien y como las hacen. Algo así como que te hemos timado toda la vida y queremos seguir haciéndolo.

Yo la verdad tengo una idea mejor para el anuncio en cuestión, algo más directo, más dinámico y atrevido (por utilizar la jerga, supongo…) algo así como:

¿Follarías con condones del dia?

Porque claro, insinuar que tu leche pasa todos los controles del mundo y más, y las demás, vete tu a saber, está muy feo. Eso de decir, mira, mis yogures son muy molones y muy sanos, y claro, ¿querrás lo mejor para tus hijos no?, ¿no les darás cualquier mierda sin marca y sin seguridad no?

Eso es muy básico, el valor de la confianza, o la desconfianza a las marcas que no hacen anuncios ni reglan muñequitos a los críos, no es suficiente. Es mejor ir a lo seguro.

En espera…

por mariofz el 9 abril, 2010 en Crítica, ¿Humor?

A ver,  acabo de coger la novena o décima llamada del día exactamente a las 21:24, un instantes antes de desear vuestras dolorosas y sangrientas muertes donde violaciones y utensilios de carnicero se mezclaban en una orgía de gritos y llanto.

Si lo malo no es que a las 9:24 haya recibido la primera llamada del día, ironías de la vida o no, que me hayáis despertado. Tras tirar el móvil contra la pared con tan buena suerte que la llamada se ha colgado y mi aparato no ha sufrido daños, he sentido un gran alivio, que se ha invertido exactamente diez minutos después, cuando me habéis vuelto a tocar los cojones llamándome otra vez.

Un par de horas después, he visto otra vez vuestro asqueroso número en la pantalla de mi teléfono, y he dicho, se van a enterar, esta vez voy a insultar tanto al pobre sudamericano explotado que intenta timarme para que me cambie a su chusco-compañía, que la siguiente llamada, en vez de ellos, la voy a recibir de la guardia civil.

Y tienen los santos cojones, de, al salir un sonido de mi boca, colgarme. Esto ya es de coña digo yo. La siguiente llamada, justo antes de comer, no la vi. Ya se encargaron ellos de arreglar este despiste mío, y volver a llamarme a la hora de mi flamante siesta, justo entre que la gente de telediario decía tonterías y yo me disponía a romper la cama. Que claro, llamarme a las 15:20 no es apenas molestia, que han repetido su acto, una hora después, y como muestra de su tenacidad, otra hora después, cuando estaba disfrutando infatigablemente de mi bocadillo de choped. Una vez reposado mi bocadillo, y siguiendo la inteligente serie de la tarde, que básicamente consistía en llamarme cada hora, siguiendo el ciclo de, te toco los huevos a las 3, a las 4, a las 5, a las 6, a las 7… Y claro, ya cojo el móvil para charlar con mi amigable hermano chileno y decirle que discrepo con el y con su compañía en un par de puntos, especialmente en su política de molestarme personalmente a mi, y no se les ocurre otra cosa a estos bromistas, que coartar mi libertad de expresión y ponerme una musiquilla, la cual he esperado como un guerrero mongol, y va, y me cuelgan.

Es una pena que yo esperaba la llamada a las 8 en punto de la tarde, pero su reloj molestador (que no despertador) se ha debido de estropear, que me han vuelto a llamar a las 20:27, y han debido pillarme en el baño limpiándome la sangre que me caía por la comisura de los labios.

Y claro, me disponía yo a cenar (no voy a dejar toda mi vida por ellos, no es plan) pensando que ya, las ocho y media de la tarde era buena hora para dejar nuestra pequeña disputa (-¡Oye, que aquí hay una disputa! -¿Una puta? -¡No, una riña! -Joder, entonces ya no es tan puta) que cuando la tortilla de patatas de mi ilustre progenitora resbalaba por mi garganta, he oído mi teléfono vibrar al fondo de la habitación, y he dicho, que bien, algún amigo querrá echarse un par de cervezas y criticar lo zorras que son las niñas de hoy en día, pero no, parece que mi compañero del pilla pilla entró a trabajar a las nueve de la mañana y sale a las diez de la noche. Y poco más, cuando me disponía a insultar con la boca llena (algo de muy mala educación eso de hablar con la boca llena), más musiquita y me cuelgan.

El caso, que dándole vueltas alas ironías de la vida, me acuerdo de ayer, que también me llamaron (llevamos jugando a esto de yo te cojo tu me hablas, yo te cojo pero no contesto, te cojo pero finjo que no hay nadie, hoy te cojo dejo el móvil en la mesa y empiezo a chillar como una loca etc.) y decidí coger, pero no hablar. Y el muy mamón, se tiro más de minuto y medio preguntando si había alguien al otro lado de la línea, y no contento con eso, dejo de hablar, me pusieron musiquita, y tuve que colgar yo, lo que en nuestro partido significa ellos 1, yo 0 y además gilipollas.

Si es que además es triste lo vuestro, que llevo con vodafone unos siete años, y el mes que me gasto diez euros me llaman para felicitarme. Si soy el típico que no tiene amigos por no llamarlos. Si tengo una triste tarjeta prepago, que ni siquiera me vais a colar un timo-contrato, ¿tan mal os va?. Tristes.

Pues nada, ante la irónica imposibilidad de comunicarme con vosotros, y dado que el juego ya me aburre, quiero rendirme formalmente. Supongo que mañana me daréis otra oportunidad, mis honorables amigos de movistar, ya que me habéis dado más de 25 en la última semana, todas ellas, desaprovechadas por mi indecorosa desfachatez.

Que os den por el culo.

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