Jugando a la guerra

por mariofz el 20 Julio, 2009 en Reflexiones, Sociedad

 

Ya es triste, y siempre lo ha sido, no es algo nuevo, si no, una de estas cosas horribles, que están ahí, siempre han estado ahí, pero solo nos acordamos cuando algún turbador de conciencias viene a llamarnos a la puerta, y al pasar nos dice, ¿cómo sois tan hijos de puta de saber que ocurren cosas así, y aún así, podéis dormir por las noches?

Las armas de fuego son cosa fea. Un arma sirve para matar, para disparar, para apretar un gatillo y quitar una vida. No sirven ni para defender la constitución, ni un país, ni una ley, ni para defendernos a nosotros mismos, ni a nuestros pequeños. No sirven para misiones de paz, ni para la seguridad del ciudadano. Un arma sirve para lo que sirve. Dispara, y mata. No hay más, ni aunque se adorne con las más bonitas palabras, ni aunque se nos llene la boca con la diosa justicia.

Cuando toda esta basura de ira, resentimiento, frustración y odio, la juntas con cocientes mentales por debajo de la ineptitud, la mezcla es fulminante. Si añades infancia, es desoladora.

No sentimos ya nada, ni siquiera pena cuando nos relatan las aventuras de los niños soldados en Latinoamerica y en África. Negrito desdentado con Ak-47 suministrada por los soviéticos mata, viola y arrasa poblados enteros sin ningún tipo de problema ni digresión moral, más allá de la que le haya podido costarle aprender el complejo mecanismo de utilización del arma, con dos marchas, matar, y matar. El cuento de siempre, dos tribus/pueblos/etnias (póngase aquí cualquier diferencia entre dos seres humanos, cualquiera, la más disparatada que se les ocurra) se odian desde un tiempo, llamemoslo X, o simplemente siempre. El odio está latente, un poco de épica bélica contra el de enfrente, una educación escasa, y a ser posible, un familiar muerto a manos de los otros, y tenemos una perfecta maquina de matar de catorce años.

Pero la más absoluta y denigrante de las vergüenzas viene de mano de los que hacen de las armas un juego frívolo e infantil. Hoy ni siquiera voy a nombrar el mugriento y detestable negocio multimillonario de la guerra, las armas y la muerte. Hoy viene todo por la imagen que están viendo, una imagen que no precisa comentario. Basta verla para que a uno se le zarandeé el espíritu y quiera renegar de su especie, solo pensar que alguien que aparezca en una foto así pueda tener algún tipo de lazo con uno mismo, dan ganas de vomitar. Ese niño de ocho años que ha aprendido que un arma sirve para divertirse, además de para matar, esa sonrisa que se le escapa al padre, orgulloso de su retoño, seguramente imaginándoselo el día de mañana luchando por su país en alguna estúpida y descerebrada guerra, y el amigo, colaborando, sujetando las pesadas balas de la desidia.

Una foto para detenerse un momento y pensar, que alguien, en algún lugar, esta haciendo algo mal. Alguien en algún lugar, o todos nosotros en todos y cada uno de los rincones de la tierra.

Y si este auténtico despropósito no nos daría la suficiente vergüenza, siempre la podemos decorar a la última moda:

 

Las fotografías son de XLsemanal

Relacionada: No logro entenderlo

Que se mueran los feos

por mariofz el 18 Julio, 2009 en Sociedad

Todos los veranos la misma canción, y menos mal que no es la canción del verano.

Todas las primaveras asistimos a uno de los mayores acontecimientos que nos brinda la naturaleza. Yo, espeluznado totalmente, tu, no sé.

Me refiero a la operación biquini.

Y aquí viene una de las paradojas, que por ser eso mismo, moriré sin llegar a comprender. Es esa de, yo me cuido no para gustar a los demás, yo me cuido para sentirme mejor conmigo mismo/a. A ver si te vas a creer que soy un producto de la cultura de la portada de revista, e intento conseguir un cuerpo irreal para agradar a los demás, captar su atención, y sentirme, si cabe, menos estúpido de lo que soy.

Yo lo hago porque me miro al espejo, y si veo tipazo, pues hago como si me pongo una sonrisa, y voy todo el día tan contento, aunque mi vida sea un autentico estercolero. Que me entren las prisas antes del verano, justo antes de ir a la playita, donde mi torso será descubierto y sometido a revisión por todo el mundo, es solo, una casualidad, que se repite año tras año, por la alineación de los planetas. Yo lo hago porque me siento mejor conmigo mismo. Y si en invierno no me cuido es porque no me miro al espejo.

Y claro, uno de los sectores que mejor nos sabe manejar, ve en nuestra más severa subnormalidad y retraso mental un autentico filón. El sector, lo voy a decir, de la belleza. O el de los productos de belleza. O el de los productos. El de la moda. O el de haz esto, y lo otro, yo te digo lo que mola, lo que se lleva, y lo que tienes que hacer, llevar o comprar. Quien vale, y quien no vale.

Que si, que un cuerpo tal se asocia con la salud, porque tal y cual. Somos los hijos de la tele. Los hijos de telediario. Los hijos de las series para adolescentes. Los hijos de las revistas de moda. Los hijos del mensaje, si eres guapo triunfas, si no, vas a ser un jodido fracasado toda tu vida, fracasado y además, feo.

Sé que suena a topicazo infumable, pero todo aquel personaje publico que vemos por los medios, es guapo, más guapo que la media, guapísimo, súper guapo, y si no, por lo menos es atractivo. En última instancia, si no es feo, es gracioso. Y si no es feo ni gracioso, pues entonces se meten con él. O dicen que es un putero. Y si no es terrorista o un violador.

Sal a la calle, echa una foto a diez personas. Ahora sal corriendo antes de que te peguen por gilipollas. Sube a casa y pon la televisión. Al azar. Puedes meterte el mando en el culo y dar saltos, y lo que salga, salga. Mira a las diez primeras personas que hayan salido. Ahora compáralas. ¿Hay algún parecido? ¿Hay siquiera cierta correlación? ¿Parecen ejemplares de la misma especie?

Pues claro que no. El maquillaje hace milagros, las luces y los ángulos son las sagradas escrituras, y el photoshop nuestro mesías. Y mientras intentemos ser lo que no somos, queramos ser lo que no vamos a ser, y además, nunca podremos ser, mal vamos.

Podremos gastarnos el dinero en ir al gimnasio, y matarnos a flexiones. Podremos mirar en las revistas el modelito que nos vamos a comprar. Podremos preguntarle a la peluquera que es lo que se lleva, que no enseñe el álbum con famosos para ver de quien nos disfrazamos este mes. Podremos depilarnos hasta los dedos de los pies. Comprarnos las cremas más caras, hacernos los tratamientos más cool. Llevar las últimas gafas más excentricas. Podremos echarnos el desodorante más machista, o el más feminista. Incluso podemos creer que la fragancia más cara es la mejor.

Queremos equiparar nuestras vidas a las vidas de postal, de escaparate, y nunca de trastienda que nos muestran. Queremos tantas cosas, y podremos hacer tantas cosas, que mientras no nos paremos, y aprendamos a disfrutarnos como somos, a disfrutar de nuestras vidas como nos vienen sin compararlas con nada, no vamos, ni de lejos, a atisbar, eso que dicen que es la felicidad.

Toda esta basura solo nos sirve para diferenciarnos, para hacernos sentir peor, más desgraciados, y tener esa sensación de que nos falta algo, de que podemos conseguirlo pero no llegamos. Más infelices, más acomplejados, más estúpidos, y todo, por nada. Para perdernos mucha gente, para sobrevalorar a otros, para meter todo en la niebla y no querer ver las cosas.

Mientras, vayamos a la playa a lucirnos.

Un saludo. (Siento sonar pretencioso y evangelizador)

Cuernos y cafres

por mariofz el 14 Julio, 2009 en Crítica

Voy a hablar despacio, aunque tu que me lees no lo veas. Seguro que servirá para no resbalarme en el fango de la hipocresía ni darme un chapuzón en el mar de la demagogia barata. Que tampoco sería la primera vez.

Mucho se ha hablado estos días de los San Fermines, de si toros si, toros no, fiesta si, fiesta no, tradición si tradición no.

Por ello he dejado pasar un días para poder concretar las siguientes preguntas.

¿Por qué se deja a alguien poner en peligro su vida gratuitamente?

Es decir, a mi me multan por no llevar casco en la moto o el cinturón de seguridad en un coche, cuando también “es mi absoluta responsabilidad”, “ya sabía a lo que vengo cuando no me pongo el cinturón”, “cuando te montas en el coche sin cinturón ya sabes que te arriesgas la vida”, “no pones en peligro la vida de nadie, solo la tuya”. Pero a mi, me sube la adrenalina, me pone el corazón a doscientos, me pone a tope sentir la muerte cerca.

Pero me multan.

¿Por qué todo el mundo cuestiona el dinero que gastan los fumadores en sanidad?

Cuando ellos también saben a lo que se exponen, y además, pagan sus impuestos, que quieran que no, irán para curar sus más diversos tipos de canceres y problemas de salud. ¿Por qué nadie cuestiona los tratamientos de todos los heridos que hay en los encierros cada día?

Bitacoras.com, casi que no.

por mariofz el 12 Julio, 2009 en Otros

Bueno, antes de crear polémica gratuita, voy a explicarme. Nos han vendido bitacoras muy bien, red social de blogger donde puedes darte a conocer, sigue a la gente que admiras para tenerla más a mano, vota tus noticias preferidas, sube tu fotito y cuéntanos quien eres, que bonito, que bonito, que bonito.

Pues lo siento, pero no. Puede que sea una buena idea, pero en la practica funciona realmente mal. ¿Y por qué? Pues me explico.

El tema principal de este post, es que ayer, creé una entrada (Hipocresía 2.0. Yo sí, tu no) la cual a sido votada por ocho personas, y gracias a ellas, ha salido a portada y podrá ser vista por mucha gente blablabla. Bueno, por ahora todo bien. Ahora yo me arriesgo (bien poco por cierto) y me juego mi huevo izquierdo a que de esas ocho personas, solo una o dos han leído la entrada.

Sí. ¿Y como lo sé? Pues tengo varias teorías. Una de ellas es que de esas ocho personas que han votado mi noticia, seis de ellos han votado las noticias que estaba al lado de la mía, por pura proximidad geografía. Vamos, que han cogido la lista y han votado a piñón todas las noticias, que aparecían cerca de la portada o en cualquier otro sitio. ¿Y por qué? Pues, también hay varias explicaciones, la más fácil, subir en el ranking de usuarios votando todo lo que se mueva. Creo que puedo poner en el título del post, en grande, negrita, cursiva y subrayado, si votas esto eres gilipollas, que seguro llego a portada.

Otra explicación más conspiranoica que yo tengo es que los que han montado el chiringuito votan todas y cada una de las noticias para dar ese empujoncito que le falta a bitacoras y decir, ¡Venid y contemplad el uso que tiene bitacoras y todo el mundo que vota las noticias!

Otra teoría mía es, que, en concreto, en este post mío, intento vacilar un poco a Enrique Dans y meterme un poco con él, advirtiendo algo que hizo que bajo mi punto de vista. Pues bien, seis, y digo, seis de los ocho que me votaron (ni tres, ni cuatro, seis) también votaron el post de Enrique Dans, que por casualidades de la vida fue enviado dos horas antes que el mío, ha estado a su lado (entiéndase en la cola de noticias) casi todo el rato. Que no es incompatible votar una noticia mía y una suya en el mismo momento, pero que lo hagan seis personas y en el mismo momento da algo que pensar. ¡O conmigo o contra mí!

Pero bueno, si de verdad quieren saber porque sé que votaron mi noticia y no la leyeron, la explicación es más sencilla que todo lo que acabo de soltar.

La mayor parte del tiempo desde que publiqué el post, mi blog, estuvo caído.

Fin.

Postdata: Para muestra un botón. Mientras estoy escribiendo esta línea, a las 11:41 del Domingo, mi blog está caído, y acaban de votar mi noticia. No quería señalar a nadie, pero se puede ver quien es entrando a la noticia, y este usuario ha votado tanto la noticia que esta encima de la mía, como debajo, como otras doscientas más. Pues así, todos.

Postdata 2ª: ¿Soluciones? Obviamente quitar el voto metralleta, poniendo un máximo de votos en X tiempo. Empezando por ahí, lo que se quera, pero si las cosas están hechas mal desde el principio, malo.

Hipocresía 2.0. Yo sí, tu no.

por mariofz el 11 Julio, 2009 en Crítica

Con lo feliz que yo era. Allá por finales del 2006 cuando empece a escribir la desdicha esta llamada blog. No sabía casi ni que era un blog. No sabía quienes eran los buenos, y quienes los malos. Joder, no sabía quienes eran, oh dios, lo voy a decir, los blogstars. Yo, por aquel entonces, era feliz.

Y así continuo la cosa, pasando por el año 2007 sin pena ni gloría. En el 2008 estábamos yo, los cuatro o cinco blogs que leía, un muro, grande, gigante, la blogosfera. Cada uno en su lado.

Pero un estúpido día a finales del 2008, me dio, por alguna extraña razón, por hacerme una cuenta en twitter. Y allí vi el percal, clarísimo. Te enteras de todo, quieras o no. Sabes quien es tal, quien es cual. Cuales blogs son los mejores, cuales los peores. Empiezas a seguir a gente, y empiezas a quedarte flipado, muy flipado.

Los delirios de grandeza, muy a mi pesar, y al del resto de las personas con un mínimo de sentido común, son demasiado comunes en determinados círculos. Si un actor de Hollywood los tiene, pues bueno, casi que tiene el poder, el dinero, y el estatus social para ser así de gilipollas, tampoco me molesta mucho.

El problema es cuando a alguien le das un juguete, llamado blog, y lo sabe manejar, y la gente le sigue, el tipo se lo cree. Pues podría escribir ríos de tinta sobre gentuza así. Pero eso otro día si toca.
Y ya cuando juntas todo eso con la posibilidad de transformarlo en dinero, tenemos un coctel que a mi, personalmente me asusta.

Cuando a alguien le siguen 1500 personas por twitter, por decir algo, y él, se piensa que, cada cosa que dice o hace, tiene que importar a los demás, malo. Y si además siente ese impulso de contar todo lo que hace, por estúpido que sea, peor. Pero si es que ya cree que lo que él hace mola, y lo que hacen los demás no, entonces tenemos todo un gurú sobredimensionado con pose estrella de rock, intocable, tanto como el, como sus ideas. Y lo que yo digo va a misa.

Pues así, de estos, la blogosfera, llenita.

Pero si termino aquí el post, me quedaría muy soso. Así que voy a aderezarlo con una pequeña historieta de hipocresía dospuntoceril que siempre ameniza un poco la fiesta.

Como ya he dicho, yo joven en ingenuo, de vez en cuando, leía, un blog de, para mi, un tal Enrique Dans que nadie conocía, o por lo menos eso pensaba yo. Pues este buen hombre hablaba de tecnología y así, de cosas interesantes vamos. No es que lo leyera todos los días, pero si veía el titular llamativo, entraba y curioseaba un poco. Un día, entre, y curioseé un poco más. Y para mi sorpresa vi que el número que acompañaba a los comentarios se había roto. Le mandé un mail avisándole.

Mariofz to Enrique Dans

Hola sigo dese hace tiempo tu blog, y no se si te habrás dado cuenta, pero es para que sepas que al acceder a una entrada en tu blog, justo encima de los comentarios, en #comments, cuenta mal los comentarios, pone 1 comentarios, y en un blog de esa categoría la verdad queda bastante feo.

Saludos.

Enrique Dans to me
Muchas gracias por avisar, Mario. Una variable que se quedaba trabada por alguna misteriosa razón. Solucionado!

Saludotes,

Acojónate, saludotes. Sa-lu-do-tes. Esto fue más o menos, en Julio del año pasado. Y claro, el día que lo vi por ahí llamando hijosdeputa con tiempo libre y no sé que de que iba a empezar a coser bocas a bofetadas a gente que yo sigo y con la cual comparto algunas ideas, dije, hostias, no parece tan majo, ¿no?

Bueno, pues sigamos con la historieta esta, a ver si la acabo ya. El caso, que nuestro amigo Enrique Dans tiene una entrada en su blog titulada: “El valor del trackback” En la que poco menos habla del trackback como nuestro único Dios. Usadlo, usadlo, usadlo que es la polla. Hacerme miles de trackbacks para que la conversación dospuntoceril fluya, todos somos hermanos, usad el trackback. No os vayáis a creer que lo dice para aumentar el número de enlaces a su blog, con la consiguiente subida de visitas, pagerank, etc. Lo dije porque la conversación tiene que fluir, y tu te tienes que llevar tu pequeño pedacito de tráfico, y porque joder, los trackbacks molan, y hay que usarlos, punto.

Bueno, pues eso, que los trackbacks son Dios, y Enrique Dans su profeta.

30 de noviembre del 2008, Enrique Dans escribe en el País: “Estar fuera de Tuenti es aislarse, no compartir fotos, vídeos o música con amigos, convertirse en un paria social”

Poca broma, ¿eh?. Yo digo que el que no tiene Tuenti es un paría social, y me quedo tan tranquilo, amén de varias lindezas más que suelta en el post (recomiendo su lectura, dándole un tono humorístico, como si la leyera un payaso, porque sino, es bastante, bastante triste) que parece que es familia de los de Tuenti, o cuanto menos, amante, porque imparcial, lo que es imparcial, no parece el texto.

Y dije yo, hostias, de esto tengo que escribir, que me hay llamado paría social, joder, que me ha llamado paría social, eso en mi barrio es pueblo (eso en mi pueblo es pelea vamos…). El caso, que me lo tomo con calma, y dos semanas y media después escribo un texto sobre eso. “No tengo tuenti, soy un paria social.”

Y pensé,¡hostias!, voy a recurrir al ancestral arte del trackback para que salga en su blog, ÉL lo lea, y sigamos la conversación, dios, es perfecto. Bueno, igual está muy ocupado para comentarme, pero lo leerá, y se dará cuenta de que lo que ha dicho, es una tontería. Sobre todo por la diferencia de edad que nos separá, que, me pone a mi, en mejor lugar para hablar de lo que es tuenti, y no de como ÉL ve tuenti. Y sobre todo que no lo ha dicho en su blog, que ni tan mal, que es que lo ha dicho en “El País”, poca broma.

Pues parece que no hace trackback, no sé por que. Algo irá mal en mi blog. Bueno, voy a mandarle un mail, que seguro que le interesa una opinión distante a la suya, total, ya me respondió la otra vez, tiempo tendrá para responderme esta. Le mandé el mail, diciendole que a ver si sabe por que no van mis tracbacks, o que que es lo que pasa, y ya de paso, para que le eché un vistazo al texto, a ver que le parece. No hubo respuesta. Ni mi árticulo hizo tracback en su web. Cosa rara. Paso el tiempo y me olvidé.

Pero un día fui a parar a este blog, en el cual hablan de lo mismo, pero, con la salvedad, de que en este blog, se dieron cuenta de que Enrique Dans les borró el trackback, la prueba  está aqui.

Con lo cual, ahora sé seguro, que también borro mi trackback.

En fin, que se le va a hacer, a mi la verdad no me importa mucho. Pero este tipo de hipocresía 2.0 la estamos viendo y aguantando todos los días, y no me agrada la verdad. No me agrada que me contesten a un mail en plan buenrollista, y después no me contesten, y hagan como si no ha pasado nada. Pero más me jode que hablen siempre de la libertad en la red, del copyleft, de todos somos hermanos y tenemos que vivir en paz, de debéis usar el trackback porque lo digo yo porque mola, pero eso si, si me hacéis un tracback a mi, y no me interesa porque va en contra de lo que yo digo, a tomar por culo la revolución 2.0, los tracbacks, y toda su puta madre.

Pues eso. ¿Quieres tracbacks? Toma tracbacks, y 1 y 2 y 3 y 4 y 5 y 6 y 7 y 8 y 9. ¡Y no te meto un décimo por pena! ¬¬

P.D.: Sí, me aburro mucho.

Ni tanto, ni tan poco

por mariofz el 9 Julio, 2009 en Sociedad

Siempre ha ocurrido, y siempre va a ocurrir. Creo que no es nada nuevo, ni nada que nos debería sorprender. Que a estas alturas seamos todavía tan gilipollas, para mi gusto, deja bastante que desear.

Y a donde voy hoy. Pues voy al yo molo y tú no. Como siempre vamos. Al final voy a pensar que el universo y todos los problemas de aquí y de allá se pueden resumir en eso.

Puedo hablar de cualquier cosa. Aunque creo que para centrarlo, me voy a referir a temas culturales, como cine y música por ejemplo, aunque se pueda extender a todas y cada una de las cosas que vemos y tocamos, osea, a cada una de las cosas que consumimos.

Todo parte del querer único, genuino, original y exclusivo. Puro snobismo. Yo lo escucho y nadie más lo escucha. Yo le leo y nadie más lo lee. Yo lo visto y nadie más lo viste. Vamos, por lo que siempre se han objetos inútiles de lujo, o no tan de lujo, por el yo puedo comprarlo, y tú no, y mi status sube un peldaño, y mi ego dos.
Pero lejos del elitismo social del dinero, de los relojes caros, la ropa de diseño, y los trajes italianos, ya nos distinguimos de los demás por cualquier chorrada, y mejor si es más barata. Queremos pertenecer a un grupo, pero que tenga un mínimo de miembros para que no sea marginal, pero un máximo para que siga siendo cool y underground.

Claro que estos son ya los que han saltado el charco. Primero están los que tal como se lo dan se lo comen, con envoltorio y todo, sin preguntar, ni preguntarse, que coño pasa o que cosa es. Es decir, el que se traga todo tipo de moda y el consumidor fan de best-sellers. Lo mismo le da el último puto pantalón de moda, que la última superproducción de Hollywood, que el último hitazo prefabricado de una multi.

Son los que escuchan los cuarenta principales creyendo que no hay música más allá, ni antes ni después en el tiempo ni en el espacio. Los que van al cine al ver la última de Harry Potter y no saben que se hace cine fuera de USA, fuera de historietas fáciles para toda la familia, efectos especiales y el último más guapo del momento dándose de hostias con un tercio de la población mundial. La gente, que aunque resulta difícil de creer, no saben quien es Kubrick, Verdi, Orwell, por decir algo, y mucho menos, han visto, oído o leído nada de ellos. Y sin despeinarse, si el año que viene sale crespúsculo con toda la parafernalia y el merchandising ¿quien quiere más?

Me parece un poco triste tragar lo que te venden sin preguntarte si hay algo más, o si te gusta o no algo más. No digo que todo el mundo tenga que conocer todos los tipos de música undergrond del mundo, o al director de vete tu a saber que país que hace unas películas infumables. Es verdad que no se puede pasar de escuchar el canto del loco toda tu vida, a escuchar Death Metal escandinavo. Pero siempre es bueno tener un poco las miras abiertas, digo yo, e ir descubriendo cosas más allá del pop facilón y las películas de encefalograma plano.

Como primer punto, creo que he dejado claro el desprecio, no, desprecio no. Iba a decir pena o lastima, pero sería demasiado prepotente. Es algo como, joder, ¿Por qué? Te puedes estar perdiendo un huevo de cosas por no parar un minuto, apagar la puta televisión, y decir, bien, ¿Por qué?
Al otro lado, están los que ya, si, siento desprecio por ellos. Más que desprecio puede ser algo así como asco. Son de los que hablaba al principio. Los que quieren ir de guays por escuchar un grupo que no sale ni en google, por ver películas surcoreanas que no las entiende ni el que las hizo, y por leer libros, que por huevos, han tenido que escribir ellos mismos, de malos que son.

Son los típicos que adoran a un grupo de música. Pero cuando salta a la fama, reniegan de él. Se han vendido dicen, es su frase favorita. Quieren que hagan música para ellos solos. Esos que miran con desprecio a los nuevos seguidores de ese grupo que se ha vendido, y dicen, bah, antes si eran auténticos. Yo estoy seguro de que miran la lista de éxitos, y si sale alguien que les gusta, automáticamente dicen que no les gusta, y critican su último disco con un odio visceral, como heridos.
Son igual que los anteriores, pero peor. Más sobrados y prepotentes. Modernetes, alternativillos, underground que sienten la necesidad de la exclusividad, del yo si y tu no. La pena es que estas modas alternativas, siempre son cogidas por las multis para explotarlas, en todas sus facetas culturales. Pero después, cuando se masifique, siempre podrán decir, yo fui primero. Si eso os consuela…

La virtud siempre esta en el medio, o eso dicen. Si quiero ir al cine al ver el último peliculón con la misma trama de siempre pero un poquito más espectacular, si quiero sentir como me salpica la sangre y como uno a uno se va bajando a cuchillo mafioso a mafioso, iré. Si quiero escuchar el último exitazo de la radio, lo escucharé. Y si quiero leer la trilogía entera de millenium, con todos los peligros que ello conlleva para mi salud, lo haré, y después me comprare palomitas e iré a verla al cine.
Pero por favor, ni tanto, ni tampoco.

Pasajes subrayados… Factótum

por mariofz el 8 Julio, 2009 en Otros, Recomendando...

“Ya era hora de que tuviese un poco de suerte, no mucha, un poquito bastaba. Cierto que yo no tenía muchas ambiciones, pero tenía que haber un lugar para la gente sin ambiciones, quiero decir un sitio mejor que el que se reserva habitualmente para esta gente. ¿Cómo coño podía un hombre disfrutar si su sueño era interrumpido a las 6:30 de la mañana por el estrépito de un despertador, tenía que saltar fuera de la cama, vestirse, desayunar sin ganas, cagar, mear cepillarse los dientes y el pelo y pelear con el tráfico hasta llegar a un lugar donde esencialmente ganaba cantidad de dinero para algún otro y aún así se le exigía mostrar agradecido por tener la oportunidad de hacerlo?”

“Está cerca de la Sociedad Americana contra el Cáncer. Yo había visitado la Sociedad Americana contra el Cáncer hacía poco, pensando que tendría consulta gratis. Tenía bultos por todo el cuerpo, desmayos, escupía sangre, y fui hasta allá; sólo conseguí que me dieran una cita para tres semanas más tarde. Como a todo buen chico americano, me habían icho siempre: Agarra el cáncer a tiempo. Pero luego, cuando ibas a agarrarlo a tiempo, te hacían esperar tres semanas para una consulta. Esa es la diferencia entre lo que se dice y la realidad.

Después de tres semanas volví y me dijeron que podían hacerme algunos exámenes gratis, pero que podía pasar esos exámenes y no saber realmente si tenía cáncer o no. Sin embargo, si les daba 25 dólares y pasaba otro examen, podía estar bastante seguro de que no tenía cáncer. Para estar absolutamente seguro, después de pasar el examen de 25 dólares, tendría que seguir con el examen de 75 dólares, y si pasaba también ese, podía estar tranquilo. Significaría que mi problema era de alcoholismo o de nervios o de taquicardia. Te hablaba con franqueza, bien clarito, aquellas gatitas con las batas blancas de la Sociedad Americana contra el Cáncer, y yo dije: en otras palabras 100 dólares. Uhmm, hum, asintieron, y yo salí y me sumergí en una borrachera de tres días y todos los bultos desaparecieron junto con los desmayos y los esputos de sangre.”

Me levanté y caminé hasta mi pensión. La luz de la luna era brillante. Mis pasos resonaban en la calle vacía y parecía como si alguien me estuviese siguiendo. Me di la vuelta. Me había equivocado. Estaba completamente solo.”

Factótum (1975) Charles Bukowsky

 

Un libro cuya ultima frase reza: “Y a mí no se me pudo poner dura” queda inhabilitado para ser un mal libro.

WordPress | 2006-2009 perdidoeneldesierto.es | Theme by Roy Tanck modificado por mariofz | Creative Commons License